7 lugares donde comer

en Río de Janeiro

La ciudad de la playa y el carnaval también es la de una gastronomía vibrante que crece a paso firme. De los botecos a los restaurantes con estrellas Michelin, un paseo por lo mejor de la cocina carioca.

Publicado por  | Ene 17, 2024 |  |     

l sol del mediodía calienta las veredas de la Avenida Atlántica dibujadas con ondas grises y blancas, y cae en la playa de Copacabana, topándose con olas que rompen en una arena nunca desierta. Hay vendedores de coco fresco que tientan a locales y turistas entregados al dolce far niente. Un puñado de chiringuitos reparte pasteis de camarão, cerveza y caipirinha, cóctel nacional y perdición de los que confían en la inocencia de la cachaça (cachaça ñao é água ñao). 

En esta metrópoli abrazada al mar hay chapuzones y piel morena. Desborde a la brasileña y outfit floreado. Vegetación tamaño jurásico y favelas. La cidade maravilhosa, como quiere la canción, es estridente, sexy y desigual. Río le pone brillo a la oscuridad. Río es una postal expresionista. Río danza al ritmo de una escola de samba.

1, 2 y 3 | Giuseppe Grill, el restaurante de carnes asadas de Leblon.  4, 5 y 6 | Bar do Mineiro, una de las mejores feijoadas de Río.  7, 8 y 9 | Ocya, en Barra de Tijuca, con excepcionales pescados de río.

Estamos al filo del verano, pero la temperatura roza los 23 grados y la lluvia intermitente que trae el fenómeno del Niño no impide encarar paseos, como la visita al Pan de Azúcar: los más audaces tal vez se suban a un helicóptero para ganarse una vista de la ciudad desde el aire. Otros treparán hasta la estatua del Cristo Redentor –una de las siete maravillas del mundo moderno–, que al amanecer ofrece un panorama surreal. Pero la lista de atractivos es larga. Están el Estadio de Maracaná, el parque nacional de Tijuca, la Quinta da Boa Vista, la isla de Paquetá. Es diciembre, pronto llegarán las Fiestas de Fin de Año en Copacabana. Y en febrero tocará vivir a tope el Carnaval más grande del mundo.

Más allá de los tópicos turísticos, siempre encuentro un momento para merodear los barrios. Están los coquetos, como Leblon, donde Giuseppe Grill, multipremiado por la calidad de su carne, presume de tener la mejor picaña de la ciudad. Los inevitables, como Ipanema y su mítica playa. Los encantadores, como Urca o Santa Teresa, con sus bares y sus subidas que exigen calzado cómodo.

En ese distrito de artesanatos, cafés, casas antiguas y bohemia, parada obligada es el Bar do Mineiro, donde comer buenas y copiosas frituras. Está pegadito a una iglesia y sigue el modelo de los antiguos botiquims a los que le canta Chico Buarque. Los botecos son un destilado del disfrute carioca.

Otro recomendable es Tiara, de Rafa Gomes, chef que trabajó en Mirazur (Francia), Eleven Madison Park (N.Y.) y fue chef ejecutivo del Grand Coeur Paris, con Mauro Colagreco. El restaurante que abrió hace un año en el shopping Rio Design Leblon ofrece una cocina sustentada en productos brasileños de estación y un plato estrella: el pato asado.

Entre mis restaurantes favoritos fuera de la obviedad está Ocya. Hay que tomar un barquito para llegar al reducto de Gerónimo Athuel, en Barra de Tijuca. El lugar recuerda al Delta del Paraná y esconde un local que ofrece pescados de agua dulce sometidos a un descamado profundo (sin quitarles la piel) y a un proceso de maduración que puede ir desde los dos días hasta varios meses. Cuello, pecho, filet: del pez, todo se aprovecha. Athuel es pescador, sabe lo que hace. El sabor y la textura que logra en cada pieza emocionan.

Río bajo las estrellas

Oteque

#20 en los 50 Best Latam
Dos estrellas Michelin

n espacio de ladrillo a la vista, perfectamente acustizado, un acuario donde se ven ostras traídas de las costas brasileñas, clima armonioso, pocos elementos, ninguna estridencia. No es en su menú –que no incluye alga nori, ni wasabi, ni soja– donde se descubre la herencia cultural (japonesa) de Alberto Landgraf, sino en la síntesis de sus platos, en el protagonismo del producto, en la cocina que quiso abierta para no perder de vista a sus clientes. 

“Elijo de cada productor lo mejor y me preocupo por sostener su trabajo” dice Landgraf.  La calidad de la que habla aparece en la delicada chernia con agua de algas, huevas de trucha, piñones y flores; en el atún con crema de cajú y caviar; en los calamaretti con crema de vegetales y botarga. En total son ocho pasos combinados con sake, Riesling alemán, Albariño de Rias Baixas, entre otros tantos vinos del mundo. Nada satura. Equilibrio y puntos de cocción impecables. Juego de acideces, texturas y temperaturas que invita a volver.

OTEQUE. Rua Conde de Irajá 581. Río de Janeiro.
oteque.com – IG: @oteque_rj

Lasai

#14 en los 50 Best Latam
Una estrella Michelin

afa Costa e Silva propone una gastronomía cuya flecha apunta directo a los vegetales de sus propias huertas o de pequeños productores de cercanía, pero se aleja del corset vegetariano: el menú también incluye fresquísimos tesoros de mar y carnes trabajadas según técnicas contemporáneas. Lasai significa “tranquilo” en Euskera, el idioma del País Vasco donde el chef pasó gran parte de su formación antes de volver a Brasil. La elección de la palabra no es caprichosa, define exactamente el clima que se respira en este refugio elegante montado en una antigua casa carioca. 

De la cocina a la vista salen aperitivos como el de papa baroa y cerdo –lardo y anceta– curado; la tempura de maíz y choclo; yuca con erizo y rabanito de dos tipos (tradicional y “sandía”); los panes, como el de trigo y el de baroa, aireado y delicioso, ambos con manteca de keffir y el toque adictivo de la sal. Un plato por el que volvería a este restaurante: el pescado con hongos y raíz de apio, de una sutileza notable. A los postres, mango, miel de uruçú amarela y yogur: final a toda frescura.

LASAI. Largo dos Leões, 35, Humaitá.
lasai.com.br – IG: @restaurantelasai

Oro

Dos estrellas Michelin

as brasas mandan en el local de Felipe Bronze, un cocinero que aplica técnicas actuales a productos brasileños y un sinfín de detalles a las presentaciones. Los bocados que dan comienzo al menú delatan su estilo. Ostra y jabuticaba, vieiras y cajú, casquinha de siri, pão de queijo y praliné de castaña, entre otras miniaturas se coronan con un pan “Cervantes”: ni más ni menos que un sándwich chiquito que emula al que se come en el bar homónimo pero en tamaño XL.

Después de los snacks llegan los pasos “con cubiertos”: pescado, crema de maíz y caldo de maíz tostado; buey, castaña de cajú y tuétano, acompañados por los vinos de Brasil que selecciona la sommelier mendocina Cecilia Aldaz. A los postres, el coco –omnipresente en Brasil– en distintas texturas, aporta el broche dulce. El mayor mérito de Bronze reside en apostar a la máxima creatividad sin abandonar los sabores locales. No por nada es uno de los chefs más celebrados de su país.

ORO. Av. General San Martín, 889, Leblon.
IG: @oro_restaurante