8 de Marzo de 2024

Día de la Mujer

De las cicatrices en la cocina, la tachadura de las x, @ y e, y un modelo que insiste en que en materia de derechos, las mujeres en cualquier rubro juguemos el juego de la oca. Tanto se logró y tanto falta. En los fogones y en la vida.

Publicado por  | Mar 8, 2024 |  |     

Ilustración de Flor Capella para la muestra *Contraimagen

ace poco leía en el diario que se prohibía “todo lo referido a la perspectiva de género” en el ámbito de la gestión pública. Lenguaje inclusivo: ¡afuera! Nada que me sorprenda. Se trata de un punto más en la línea que traza el gobierno para barrer de un plumazo los derechos que adquirimos a fuerza de lucha, conciencia y perseverancia.

En la hecatombe que arrasa con tantas libertades en nombre de la libertad, la tachadura de la “e”, la “x” y la “@” es coherente con el modelo que se pretende imponer y abre la puerta a otras tachaduras. Peligroso en el plano simbólico y en el real. También de corto alcance. El lenguaje es dinámico y la represión fallida, censurar palabras nunca resultó, ni siquiera durante la dictadura militar, porque, como diría Freud, la prohibición funda el deseo. Y además lo reprimido siempre vuelve. Siempre.

Pienso en la lógica de la cocinas hoy, cuando se pone en tela de juicio el modelo de la vieja escuela y se busca un esquema menos verticalista y de mayor inclusión. Pienso en cómo esta reciente prohibición suena desafinada en el concierto gastronómico actual: faltará mucho camino por recorrer pero no se puede negar que algo empezó a cambiar de a poco en nuestros fogones. En esta región las chefs crecen en número. También en liderazgo, visibilidad y reconocimiento. Participan –menos de lo justo pero más de lo común– en foros y en congresos donde antes no entraban ni con forceps. Cada vez hay más enólogas y las sommeliers en su gran mayoría son mujeres.

Ya sé, no basta. No es suficiente, sobre todo si tenemos en cuenta que las mujeres alimentamos desde siempre a la Humanidad, somos las guardianas de semillas y saberes, sostenemos la agricultura y las tradiciones gastronómicas, y sin embargo, en el reino de la alta restauración todavía la corona le calza mejor a los hombres. ¿En qué momento la gastronomía se volvió un territorio copado por la masculinidad?

El año pasado, en un artículo, recordaba que en la Europa post revolución francesa, la cocina lujosa de la aristocracia evolucionó hacia las brigadas de los restaurantes. Cuando los cocineros perdieron su puesto –y los patrones, su cabeza– se lanzaron a la calle a abrir sus propios negocios y asumieron el rol de jefes probándose un traje que incluso hoy los viste de jerarquía y poder, y que los acredita no solo para alimentar, sino también para crear. Mientras lo que suele esperarse de las mujeres es que demuestren su rendimiento, de los hombres se espera que desarrollen su potencial. Como si el destino de ellas fuera el trabajo raso, y el de ellos, la carrera estelar. Creatividad, cuántos disparates se cometen en tu nombre.

También sabemos –lo dijimos tantas veces que aburre repetirlo– que el oficio se complica con la maternidad y que madres que devienen chef cuelgan el delantal para dedicarse a la docencia, al asesoramiento, al catering y a los viajes gastro, ahora de moda. Y es tan cierto que hombres y mujeres no siempre comparten el mismo concepto de éxito ni las mismas motivaciones profesionales, como que hay un sistema que juega en contra de la equidad y es urgente cambiar las reglas de ese juego.

Increíblemente, todavía en el ámbito laboral siguen circulando los chistes violentos, el maltrato, el acoso y el abuso, la desigualdad de género en materia de sueldos, derechos y obligaciones. ¿Cómo se desarma esta matriz patriarcal que lleva siglos en pie? ¿Con qué herramientas se le puede dar pelea?

Entre varias colegas nos preguntamos si tiene sentido seguir organizando foros de mujeres que hablan sobre mujeres. ¿Habría que coordinar encuentros para hombres que hablen de mujeres? ¿Encuentros mixtos? ¿Y qué tal sobre los premios femeninos? ¿Cómo seguimos?

En una oportunidad, Ingrid Beck, una de las voces del feminismo en Argentina, me contaba  sobre la capacitación de género que llevaba a cabo en un restaurante. Su desafío era intentar convertir ese espacio en un lugar libre de violencias, sobre todo las que afectan a las mujeres. Hay que trabajar las nuevas masculinidades. Protocolizar incluso el reclutamiento de personal, revisando quiénes reclutan y con qué parámetros. Siempre cerca de la prevención y lejos del punitivismo, decía.

Crear comunidad, apuntar a la inclusión, encarar una salida colectiva: metas a lograr. Puede resultar un tema menor en un país tormentoso, donde hay mucho circo y poco pan, pero el patriarcado, la colonización de las ideas, el extractivismo que está destruyendo nuestro planeta y el fascismo que asoma en algunos gobiernos están íntimamente ligados, aunque su trama permanezca oculta.

Incluso en la Argentina del ajuste bestial, cuando la prioridad es comer y alimentar a la familia, las mujeres y diversidades seguimos pensando cómo equilibrar esta balanza que históricamente se inclinó hacia los hombres. Imaginando cómo sostener la perspectiva de género. Cómo lograr mejores lugares y muchas veces simplemente cómo no perderlos. Una batalla cultural que, a contramano de las tachaduras, libertad + igualdad mediante, ojalá ganemos algún día.

IG: @mdemichelis7

*La ilustración de apertura forma parte de “Contraimagen”: la muestra de Flor Capella que desarma y multiplica los roles de género en imágenes del canon del arte.

Dice Flor Capella: “No hay padres en las obras artísticas icónicas. Bueno, tal vez un par: Saturno comiéndose a los hijos y Abraham dispuesto a sacrificar a Isaac. (…) Por el contrario, madres y más madres se reproducen al infinito. Este mismo corset se replica en obras que retratan el poder, la guerra, la religión, incluso en las que representan las relaciones laborales o las luchas sociales.”

“Contraimagen” reúne dibujos a lápiz y tinta, pinturas sobre papel de pequeño formato, serigrafías y monocopias que dan cuenta de la investigación que Capella desarrolla sobre los modos de representación en nuestra cultura visual.

El proyecto cuenta con el apoyo de la Beca a la Creación (2022) del Fondo Nacional de las Artes y se presentará el jueves 14 de marzo a las 19. La exhibición, curada por Julia Masvernat, podrá visitarse hasta el 6 de abril los jueves, viernes y sábados de 15 a 19 en microgalería (Loyola 514, Villa Crespo, CABA).

Sobre la artista

Flor Capella (1981) es ilustradora, artista visual, diseñadora gráfica y docente. Co-directora del posgrado de Ilustración Profesional y del Archivo de Ilustración Argentina (FADU-UBA) e integrante de la colectiva Hay Futura.

@microgaleria  |  @flor.capella  |  @contraimagen

Contacto: florcapella@gmail.com / lamicrogaleria@gmail.com