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Aceite de oliva virgen extra

4 lugares en Mendoza donde disfrutarlo aprendiendo

Lo usamos, lo elogiamos, pero ¿sabemos elegir el mejor? En esta nota damos detalles sobre el aceite de oliva de calidad y acercamos sitios donde conocer su proceso y aprender a catarlo.

Publicado por Julieta Aguerregaray
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1 agosto, 2025
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CapitularSPG Sabemos que el aceite de oliva virgen extra es bueno. ¿Pero cuánto de lo que creemos saber es cierto? ¿Y cuánto lo repetimos sin entender del todo? Porque una cosa es que sea saludable —que lo es— y otra es dar por válido todo lo que nos cuentan sin pasar por el filtro del sentido común (o de un buen productor).

Lo que es incuestionable es el poder que tiene este producto sobre la salud. Alto contenido de vitaminas, efecto antioxidante y antiinflamatorio, reducción del colesterol malo, prevención de enfermedades cardíacas, hepáticas y de la presión sanguínea. No es magia, es ciencia y tradición. Y si bien puede parecer una exageración, lo cierto es que el aceite de oliva puede hacer que un trozo de pan se sienta como el manjar de los reyes.

La historia del oliva en Argentina no fue siempre lineal ni exitosa. Tuvo momentos de esplendor, de olvido, de renacimiento. 

Entre 1930 y 1950, fue la inmigración italiana y española la que trajo no solo la cultura del oliva, sino una manera de mirar la cocina: casera y comunitaria. Pero luego vino una etapa insólita: una campaña que difamó al aceite de oliva (se lo demonizó) con el argumento de que era malo para la salud. Resultado: se arrancaron más de tres millones de olivos en el país. Fue un golpe duro que dejó marcas, y que recién empezamos a revertir décadas después. En los años 90, la situación cambia con una jugada clave del Estado: la ley de diferimiento impositivo. Gracias a este régimen, invertir en olivares se volvió atractivo para muchas empresas, especialmente en provincias como Catamarca, San Juan, La Rioja… y, por supuesto, Mendoza. En una sola década se plantaron más de 60 mil hectáreas.

Hoy en Mendoza no sólo se elaboran aceites, sino que se los piensa, los defiende y los pone en valor. Para seguir profundizando, te contamos sobre cuatro lugares, olivareras y sommeliers que te abren las puertas al mundo del aceite de oliva y lo explican sin vueltas. Conocer más para elegir mejor. Y disfrutar todavía más.

1 | Casa Cayé

Tres experiencias de autor en Vistalba

Casa Cayé es un hospedaje ubicado en Vistalba, Luján de Cuyo, donde el descanso y las actividades vinculadas al mundo del aceite de oliva, son el alma. El espacio, reacondicionado por la familia de Tatiana Nessier, sommelier de vino y de aceite, productora y cocinera, cuenta con cuatro habitaciones habilitadas con desayuno incluido. En paralelo al alojamiento, el proyecto ofrece experiencias abiertas a todo tipo de visitantes, sin necesidad de pernoctar en el lugar.

Tatiana desarrolló tres actividades centradas en el aceite de oliva, el vino y la cocina. La primera es la Experiencia Oliva, que incluye un juego sensorial con copas negras numeradas, una cata técnica de tres aceites, vino espumoso y una tabla de quesos.

La segunda es la Experiencia Olivino, que suma la cata de dos vinos tranquilos adaptados al perfil de cada visitante. La tercera propuesta son las clases de cocina, en las que los participantes preparan entrada, plato principal y postre, con espacios entre pasos para realizar el juego sensorial, degustar aceites y catar vinos durante el almuerzo. Todas las actividades requieren reserva previa al +5492616158751 y se organizan a medida.

El juego sensorial con copas negras es uno de los pilares de la propuesta. Si las copas fueran transparentes, la vista haría el 98% del trabajo y el olfato solo el 2% para corroborar lo que ve, explica Tatiana. La dinámica busca estimular la percepción sin interferencias visuales. También se pueden adquirir los aceites de producción boutique en la tienda del lugar. Próximamente abrirán un restaurante a puertas cerradas con formato de wine house.

2 | Corazón de Lunlunta

La Toscana en Lunlunta

La calle es angosta. A los costados, antiguas casas, fincas y olivos. Algún perro custodia el silencio, y otro te acompaña hasta la puerta. Así se llega a Corazón de Lunlunta, un espacio productivo y abierto que idearon Gabriel Guardia, Alejandro Vigil y José Luis Saldaña en el Bajo Lunlunta, Maipú.

La experiencia sucede en la antigua destilería exTapaus, un edificio de cemento y hierro con premios arquitectónicos, donde todo se elabora a la vista: aceites y aceto balsámico.

La visita recorre las salas subterráneas donde se produce el aceite —intenso, picante, de varietales como Arauco, Arbequina y Picual—, se afinan quesos de Gustavo Schiavi –La Linqueñita–, y maduran jamones mendocinos de Diego Cornejo –La Casa Amarilla–, además de prosciuttos Di Parma, fiambres importados y de Las Dinas.

La experiencia termina en el salón El Olivo. Allí se hacen las degustaciones acompañadas con picadas, y por vinos de El Enemigo y Lo Sanse. También preparan una nueva propuesta con productos premium y botellas que no están en el mercado.

Esto es una fábrica viva. Todo lo que sentís y probás acá se hace acá. Es un rincón muy especial. A Lunlunta le dicen La Toscana de Mendoza, dice Guardia. Abren de lunes a viernes de 9 a 17 h, y sábados de 9 a 13.

3 | ZUELO

Del olivar al plato, un sinfín de opciones en Maipú

En Zuelo, la finca de olivares de la familia Zuccardi, los visitantes tienen la oportunidad de ser parte del proceso de producción del aceite de oliva virgen extra. Los recorridos comienzan temprano y terminan en Pan y Oliva, el restaurante de la olivícola. Todo el proceso, desde el cultivo hasta la llegada del aceite a la mesa, es explicado en detalle para que cada persona pueda entender cómo se elabora este producto natural y de calidad.

Miguel Zuccardi, encargado de que este oro verde llegue a tus manos, nos cuenta: Desde que comenzamos a producir en 2004, pensamos en crear un espacio donde las personas pudieran conocer lo que nosotros habíamos descubierto sobre las distintas variedades de aceite de oliva, sus calidades y sus particularidades.

Una de las propuestas más solicitadas es la visita guiada por la planta de producción, donde se enseña todo el proceso. Al final, los participantes pueden degustar los aceites de oliva virgen extra de la temporada en el restaurante Pan y Oliva. Esta actividad tiene una duración de una hora.

Para quienes buscan una inmersión más completa, existe la posibilidad de recorrer los olivares. Durante este paseo, los visitantes conocen el trabajo que requiere el cultivo de las aceitunas, todo en contacto directo con el paisaje. Al finalizar el recorrido, los participantes pueden almorzar en Pan y Oliva o probar una tabla de antipasti.

La actividad Descubrí el aceite de oliva incluye un recorrido por la almazara y una degustación guiada con maridaje de distintos alimentos, que permite entender mejor las características del aceite de oliva.

Durante la cosecha, de marzo a mayo, la propuesta Olivarero por un día invita a los visitantes a unirse a la recolección de aceitunas y conocer de cerca todo el proceso de producción del aceite. Esta actividad tiene una duración de cuatro horas y puede finalizar con un almuerzo completo o con un antipasti en Pan y Oliva

Para aquellos interesados en la cocina, Vení a cocinar es una actividad donde se recorre la huerta orgánica, se aprenden nuevas formas de usar el aceite de oliva en la cocina diaria y se preparan recetas con ingredientes frescos. Ideal para hacerlo con niños.

En Zuelo, el aceite de oliva es el protagonista de un recorrido completo, donde cada paso se acompaña de un aprendizaje. Para reservar alguna de las actividades que ofrecen podés hacerlo a zuelo.meitre.com

4 | TAPIZ

Aceitunas y lo que pasa en Tapiz

Club Tapiz, ubicado en el medio de una finca muy tranquila en Maipú, invita a vivir la historia del AOVE y su propia historia como productores de aceites. Sebastián Correas, enólogo del lugar, resalta la posibilidad de ver olivos de más de 120 años, olivos jóvenes en sistemas intensivos y cultivos de 14 años. En la finca se encuentran variedades como Arbequina, Arauco, Frantoio y Arbosana, que representan la identidad del lugar.

Los visitantes pueden recorrer la planta, donde se explica el proceso de producción, desde la cosecha hasta el envasado. La misma incluye una degustación de aceites de oliva, donde se enseñan a reconocer las características de un buen aceite, como su sabor picante y amargo.

El recorrido sensorial depende del momento y del horario. En temporada, nos enfocamos en que prueben aceites jóvenes sin filtrar y variedades por separado. La degustación es semi técnica: se enseña sin pan, ni manzana, ya que son formas más orientadas al placer que al conocimiento, suma Sebastián, quien nos guía en el camino.

Además del aceite, los turistas pueden disfrutar de la bodega Tapiz, con sus vinos. En el restaurante del lugar, se ofrecen platos que maridan con los aceites y vinos de la finca, brindando una propuesta gastronómica completa.

La experiencia de aceite es gratuita y se puede hacer en cualquier momento con reserva previa al +54 926 15966853. Las degustaciones de vinos y comidas, en cambio, requieren una reserva anticipada y tienen un costo extra.