
Alfajor
El top 7 de nuestra golosina favorita
Redondo, dulce y argento. Del recreo al mate, del kiosco a las pastelerías de calidad, el alfajor nos garantiza un placer inmediato. En nuestro país comemos 10 millones por día y tenemos una infinidad de versiones. Compartimos algunos de los que nos gustan.
l alfajor es a las golosinas lo que Gardel al tango. Es el recuerdo del recreo y kiosco del colegio. El premio dulce que nos daba nuestra abuela cuando éramos chicos. El placer exprés en el cine. El mate con amigos. El souvenir que traemos de la costa o el que llevamos a familiares o amigos que viven afuera.
A los argentinos nos encanta: comemos más de 10 millones de alfajores por día, según la Cámara Argentina del Alfajor (Asociación Cocina Regional Argentina), más de la mitad de los alfajores de todo el territorio se comen en Buenos Aires y el Conurbano. Somos el primer país consumidor y también el primer exportador.
Alfajor, palabra que viene del árabe: alhasú (relleno). Los Árabes lo introdujeron en Al Andalus. En América el alfajor no se parece en nada a esa barrita de almendras y miel que se come en Medina Sidonia: su forma y su contenido son propios. Cada país encontró su estilo. En México está hecho con coco, en Colombia, tiene relleno de arequipe, igual que en Perú. En Venezuela, Nicaragua y Honduras, es una pasta elaborada de jengibre, piña y harina de maíz o de yuca. En Chile existe una variedad similar al alfajor santafesino. Uruguay empata –aunque no en tantas unidades por obvias razones– en la popularidad argenta.
Golosina federal
Si recorremos las provincias de Argentina vamos a encontrar diferentes versiones de alfajores: el de Córdoba tiene una galleta más blanda, bañada con glacé, y el relleno es sobre todo de dulce de frutas. En Tucumán son dos tapitas –blanquitas las llaman– rellenas de dulce de leche y se llevan miel de caña. El santafesino comenzó a elaborarse en 1851 en un local ubicado a metros del cabildo por un señor llamado Hermenegildo Zubiría, apodado “Merengo”. El sobrenombre dio origen a una marca que se consigue en la capital de Santa Fe. Y en aquel local se redactó la Constitución Nacional de 1853: un alfajor “constitucional”.
La gira dulce
A comienzos del siglo XX, las confiterías desarrollaron sus propios alfajores a modo de souvenirs. Como el clásico Café Tortoni, sobre Av. De Mayo, El Molino, en Callao y Rivadavia, Los Dos Chinos, en Alsina y Chacabuco. También la Roya, en Azul; la Trasens, en Tucumán; La Española, en Mendoza.

Alrededor de 1920 empezaron a aparecer los kioscos en las principales ciudades, y se extendieron como reguero de pólvora en cada pueblo del país. A comienzos de 1948, un italiano, un griego y un argentino se asociaron para fabricar y vender alfajores en MDP. Su emprendimiento nació como una confitería con elaboración a la vista frente al casino y se convirtió en un negocio redondo. En 1998 las tres familias decidieron venderle la marca a The Excel Group y desde 2003 está en manos del fondo Inverlat.
Ya en la década de los 50, se inicia un proceso de industrialización de las empresas familiares, con marcas que se volverían clásicos: Guaymallén, Jorgito, Fantoche, La Nirva, Rutamar, Bagley, Terrabussi, Suchard, Havanna, Balcarce, Estancia El Rosario, Capitán del Espacio, Cachafaz, entre tantos otros.
Y durante todo este proceso se multiplican las versiones. Al tradicional alfajor de dulce de leche con tapas crocante (tipo santafesino) o de maicena, se suman los de chocolate, dulces regionales y el choco-arroz, apta para celíacos.
En los 90, el alfajor entra en decadencia y en el 2000 comienza a recuperar brillo.
Hoy existe infinidad de alfajores: negros o blancos, duros o blandos, de chocolate o dulce de leche, simples o triples, de merengue, membrillo, marroc, o dulces de frutas, de mousse, de frutilla a la crema, alfajores helados. Con sal marina, con chile, con queso azul…
Lo “saludable”
Salvo algunas (poquísimas) excepciones, eso negro con sabor a chocolate que cubre a los alfajores industriales es un baño de repostería hecho en base a grasas hidrogenadas, cacao en polvo, aceites vegetales, colorantes y emulsionantes. Pero no es chocolate porque no tiene sus dos ingredientes principales: ni manteca de cacao ni pasta de cacao. A tal punto que ni siquiera es marrón: en casi todos los casos, el color chocolatoso se lo aporta el colorante E155 (denominado también Pardo HT o Marrón HT), una sal sódica que puede causar reacciones alérgicas, actuar como liberador de histamina o intensificar los síntomas del asma.
Y el dulce de leche –que no es leche con azúcar caramelizada sino una pasta de agua, almidones, mucha azúcar y colorantes- tiene, en la mayoría de los casos, un aditivo conocido como E407 (carragenanos). Se trata de un espesante no recomendado para niños y mujeres embarazadas porque puede debilitar el sistema inmunitario. Todos los alfajores, y esto incluye los “light” o los de arroz, son productos elevados en sodio, grasas saturadas y tienen una enorme densidad de calorías.
Premium o de primer orden
Muchas pastelerías y panaderías de moda tienen su propia versión. También restaurantes de primer nivel, recordamos el que Ana hacía en Chila con tapitas, helado de boniato, queso y membrillo) o el de Anchoíta que figuraba en su carta como la “reversión del famoso alfajor marplatense antes de que lo destrozara el Grupo Exxel”. Por esa mención, Enrique Piñeyro, dueño del restaurante, recibió una carta documento. Otra opción, muy original es el alfajor de papa y dulce que ofrecen en la panadería de Anchoíta, de una humedad notable y mucho equilibrio de sabor.
Hay empresas chocolateras de Patagonia, que tienen un alfajor mini. Y los maestros chocolateros porteños también se pusieron a tiro, con sus alfajores sofisticados. Otros apelaron al concepto de bombón, como Las Romeas.
Nuestro ranking (un pequeño recorte, claro)
Alfajores Ani Vedia
Ana Vedia – La Plata
Los de esta platense que hizo experiencia en Martín Berasategui, pasó por Aramburu y por Don Julio son contundentes, de relleno generoso y un equilibrio notable de sabor. Ana comenzó con tres variedades (marplatense, glaseado y el de nuez) y fue explorando opciones. La joya de 2025 es el de ganache con 60% de cacao (de Fénix), trufa negra de Espartillar y escamas de sal de Añana, una de las salinas más antiguas del mundo (País Vasco). Es el primer alfajor trufado de Argentina. Otro imperdible de Vedia es el Black (galletita Black, 60% de cacao Fénix, ganache y cobertura de chocolate semiamarga con escamas de sal de Añana). Todos aptos para concursar al más alto nivel. Voy a competir en el Mundial del Alfajor (15, 16 y 17 de agosto, en Costa Salguero, CABA) en distintas categorías:
Para la de “Exótico”, elegí el de queso azul de Stracco de Toro azul (productor de quesos cordobés), con frambuesas y galletitas de almendra. Para la categoría “De autor” va el Juana la loca, que lleva rosas, frambuesas y té Oolong, mientras que el glaseado competirá en la categoría de “Glaseados”, comenta Ana. Más allá de cualquier resultado, el premio mayor es el reconocimiento que año año suma su producto. Todos sus alfajores salen alrededor de $3500, salvo el de trufa: $7000. IG: @anavedia
•••••
Alfajor de maicena relleno de dulce de leche y frambuesa y rebozado con nueces
Las Flores – Palermo
De textura sedosa y sabor equilibrado. Muy muy rico. Y como no podía ser de otra manera, en la tapita superior lleva una flor. Cada uno cuesta $6300.
IG: @lasflores.bue
•••••
Alfajor glaseado
Atelier Fuerza
Un clásico de esta panadería, el Gauna estilo marplatense clásico, que ganó prestigio de la mano de Fran Seubert (ahora dedicado a otro proyecto). Cuesta $4500.
También muy recomendable el formato osado que acaban de lanzar por el Día de las Infancias: tapas de palmeritas bañadas en chocolate. ¿El relleno? Ganache de dulce de leche y mermelada de frutos rojos.
.
IG: @atelierfuerza
•••••
Alfajor de maicena tamaño XL
Las Delicias – Urquiza
Para los que les cuesta compartir el dulce: cada unidad rinde para cuatro. Rico, esta panadería de barrio todo lo hace bien. Triunvirato 3771. Villa Urquiza. Precio: $4500.
•••••
Conviene conservar los alfajores en un lugar fresco y seco, lejos de la luz directa y a una temperatura máxima de 20°C: es la mejor manera de preservar su textura y sabor.
La Valiente
San Isidro
En cada alfajor jugamos con harinas alternativas, como espelta, teff y sarraceno, pero sin dejar de ser clásicos en sabor y apariencia, dice Germán Torres, panadero y pastelero. El cordobés tiene glacé de naranja, una masa bien liviana. Todos tienen ddll de almendra tiene harina de nuez, hechas x nosotros. El de maicena es aireado, no se rompe y es muy agradable su textura. Estamos desarrollando uno de avena y chocolate. Y tuvimos bañados de chocolate y de merengue tipo marplatences, agrega Germán. Cada unidad cuesta $5400. IG: @lavalientepan
•••••
Alfajor de chocolate blanco, dulce de leche, nuez y copos de maíz
Levando Pan – Colegiales
La panadería de Gabriel Kogan (panes, medialunas y pizzas de masa madre espectaculares) propone una opción con una textura atractiva, aportada por los copos de maíz.
Precio: $4200. IG: @levando.pan
•••••
Mini alfajores Mamuschka
Bariloche
Tienen el tamaño perfecto para los que sufren de empalago fácil. Vienen en caja de 6 y están hechos con masa de harina de almendras (a partir de almendras enteras), rellenos con dulce de leche y bañados en chocolate Bean to Bar. Hay dos opciones de cobertura: chocolate con leche, o chocolate semiamargo con 63 % de cacao. Ambas libres de gluten, aptos para celíacos, y sin conservantes, aditivos artificiales ni ingredientes transgénicos. IG: @mamuschkaok
•••••

UN RECOMENDADO
En busca del alfajor perdido
de Facundo Calabró
¿Se puede contar la historia de nuestro país a través de los alfajores? ¿Cuál es el secreto detrás de la golosina más amada por los argentinos?
Facundo Calabró, mejor conocido como @catadordealfajores, se sumerge en una investigación que lo lleva desde la Fiesta del Alfajor Costero hasta la leyenda detrás de las grandes marcas





