Bajo la Luna austral
vinos del cielo y de la tierra

Visitar la bodega Luna Austral fue una experiencia rara, un viaje existencial. Y un feliz reencuentro con un gran amigo, Mario Toso, director de la bodega que conocimos recientemente junto a Maria De Michelis.

Escribe Elisabeth Checa | Fotos de María De Michelis | Abr 13, 2018 | Bodegas

La construcción  de la bodega Luna Austral es un espacio, junto a los viñedos, austero, bellísimo, integrado sin alharacas, al paisaje con la cordillera como fondo tremendo. Cuentan con 20 hectáreas de viñedos y está en La Consulta, privilegiado terroir del Valle de Uco. Un cuadro de Gabriela Aberastury nos recibe al atravesar ese espacio a la entrada de la bodega que Toso define o asocia con el Yin y el Yang. Nos asombra  la coincidencia entre los dos círculos mágicos, el patio y los viñedos huelen tomillo y jarilla. Y nos asombra más el espectáculo de esas manos juveniles que, entre risas, desgranan uva a uva. No hay selección mecánica, pero no se les escapa ni una hojita. Junto a ellos otros jóvenes exprimen las uvas con la mano. Les sacan el jugo que pronto será vino. En la bodega hay huevos y algunas barricas. Probamos diferentes vinos de la última cosecha (muy buena, insiste Toso) junto al enólogo Gabriel Aristarain, el joven hacedor que comparte y entiende la filosofía Steiner. Están todavía en pañales. Intensos, distintos. Jamás serán fotocopia de nada.

El chileno Álvaro Espinoza, es quien trabaja codo a codo con Mario Toso en este proyecto que nació en 2008. Fue elegido por la revista Decanter en 2015 como uno de los mejores enólogos del mundo. Es como un hippie, me comenta su secuaz Mario Toso, yo creo que es más; un chamán apasionado.

La biodinámica está basada en las teorías del austríaco Rudolf Steiner quien, en la década de 1920 −ante el avance de los métodos de la industrialización de la agricultura− planteó las bases de un nuevo tipo de producción que considera a la naturaleza como un conjunto donde prevalece la armonía entre el mundo animal, el vegetal y el mineral. Además, Steiner afirma que los planetas y, sobre todo, la luna y el sol, influyen considerablemente sobre el desarrollo del viñedo. No es invento de Steiner, son creencias ancestrales desde los primeros agricultores del planeta. Como aquellos ancestros, la biodinámica tiene en cuenta el calendario lunar para cada intervención vinícola y enológica. No es fácil, y es costoso llevar al pie de la letra los métodos de Steiner.

Los métodos biodinámicos sugieren que en otoño se trabaje la tierra con compost de abono animal (la elección del abono es fundamental e incluye preparaciones vegetales) para dinamizar los suelos y proteger la viña contra posibles agresiones. Vimos los integrantes del compost en un salón que tiene algo de mágico. Los ingredientes del compost reposan en un  baúl, hay desde polvo de roble hasta flores de manzanilla seca. En cuanto al trabajo en bodega, la primera regla es utilizar el azufre en dosis mínimas; mientras que la corrección de acidez y el añadido de ácido sórbico quedan descartados.

Las únicas levaduras permitidas en los vinos bio son las que están presentes naturalmente en la uva, mientras que el filtrado no es recomendable. Demeter International certifica las prácticas biodinámicas desde la aplicación de preparados naturales (componentes vegetales, animales y minerales y compost) producidos en la finca hasta el proceso de vinificación en bodega bajo protocolos internacionales.
Malbec, Cabernet Franc, Merlot y Pinot Noir en pie franco componen el viñedo de esta luna austral.

En un almuerzo delicioso probamos platos con vegetales de la huerta biodinámica –junto a la bodega donde brillan fogosos ajíes de colores– dos vinos diferentes que cuentan una historia, un paisaje y la sensibilidad de sus hacedores: Malbec Luna Austral 2013 y Luna Austral Sintonía by Alvaro Espinoza, blend 2013, Ambos inolvidables. Al último lo llevé a Don Julio para acompañar un jugoso bife de lomo con chimichurri con hierbas. Bajo la luna porteña no cambió su ser.