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Café y sandwichería

En pleno Belgrano, el cocinero y panadero Francisco Ponce de León, propone un repertorio de sándwiches único en Buenos Aires. La combinación de buenos panes y rellenos originales es la clave.

Publicado por  | Ago 24, 2024 |  |     

CapitularSPG Pebete de jamón y queso. Crudo con manteca. Choripán. De miga. De lomito, bondiola, salame, vacío o pastrón. Los sándwiches siempre figuraron entre las preferencias argentas, y por suerte o por obra y gracia de grandes chefs hace unos años fueron ampliando su inventario. Amamos a los de toda la vida, pero aplaudimos las nuevas versiones que zafan de los lugares seguros. La consigna es la originalidad y la nobleza de las materias primas. 

Para alegría de los fans del rubro (pertenezco a esas ligas), hace menos de un año abrió Bauman, el local de Francisco Ponce de León, un cocinero que además de acopiar experiencia en el hotel Las Balsas –Villa la Angostura– y en Mark´s Deli –San Francisco, Estados Unidos– es dueño de la panadería L’Ancienne Boutique. Combinación perfecta. No es casual que se permita cruzar la frontera de lo obvio tanto en los rellenos como en los panes que fermentan toda la noche y están pensados especialmente para cada sándwich. Hay tipo brioche, crocantes, focaccia, hechos con grasa, con manteca, con papa. Todos caseros, todos ricos, todos nacidos en la búsqueda de calidad. 

El local es pequeño, diseñado para comer un delicioso sándwich al paso: no sorprende que no haya postres, las ganas de dulce se pueden cubrir en alguna heladería cercana.

Bauman está ubicado sobre la calle Echeverría, a metros de la avenida Cabildo. Al entrar se destaca la barra con taburetes rojos y al fondo se descubre un espacio bien equipado para producción. La propuesta de sándwiches incluye algunos clásicos, como el tucumano de milanesa, preparado con una pieza de ojo de bife de 160 gramos, lechuga, tomate, mayonesa, mostaza y un toque –tímido– de picor, en pan toscano. O los bocatas de tortilla, jamón crudo de Parma y rúcula con alioli: el de chipirones, en baguetín crujiente, es número puesto.

Están los más contundentes, como el de lomo con quesos fermier –Morbier y Tomme–, cebolla caramelizada y bearnesa trufada (con aceite que, aunque de trufa blanca, italiano, siempre me sobra). Y la lista sigue.

Hay opciones veggies, como el sándwich de gírgolas, panchos, cheeseburger y papas chips de elaboración propia. Todo se puede acompañar con cervezas artesanales.

Difícil elegir un favorito, pero el de focaccia y porchetta hecha con panceta curada, farsa de bondiola y pistacho, láminas de hinojos frescos; salsa verde de eneldo, perejil, alcaparras, anchoas, ralladura de cítricos y ajo confitado, es una bomba de sabor y texturas. El detalle del dorado final de la porchetta suma crocantez.

Me faltó probar el Cordon Bleu, medallón de pollo relleno de jamón y queso, con salsa tártara, lechuga y tomate, en pan de papa. Un homenaje a Christophe Krywonis, confiesa Francisco, un joven de 34 años que dice que cocina lo que quiere comer. Juega el juego que más le gusta. Y gana.

Para más datos

Echeverría 2486. De lunes a sábados 12 a 23.
IG: @bauman.cafe