Publicado por | Nov 9, 2020 |  

El champagne es el único vino que ríe, dijo alguna vez Michel Onfray. Los Pet Nat, moda absoluta entre los vinos espumantes, por llamarlos de alguna manera, no ríen, sonríen desde su absoluta pureza, con sus burbujas mínimas y sutiles.

a elaboración es simple, no añaden levaduras ni alcohol, fermentan en tanques y cuando han alcanzado los 15 gramos de azúcar se los embotella y allí sigue la fermentación. Después, se tapan con un cierre corona, se refrescan y se beben con alegría, y sin piripipi glorioso, como decía Brascó cuando leía o escuchaba algunas opiniones herméticas y pretenciosas sobre vinos.

Pet Nat, así se los llama en el mundo, y se refiere a Pétillant Naturel, un método ancestral para elaborar estos vinos burbujeantes, para beber aquí y ahora, recién asomados de la fermentación. Mantienen su pureza. El aroma que surge es, indudablemente, a vino, a esas bodegas que se visitan cuando está en su plenitud la vinificación del año en marcha. Los colores pueden cambiar según la variedad que les haya servido de base. 

A veces son brillantes, translúcidos, a veces menos, pero siempre con pequeñas y sutiles burbujas que cuentan algo mientras cosquillean en el paladar. 

El último lanzamiento de Pet Nat, fue el de los talentosos autores de Alma 4, a quienes conozco desde hace 20 años o antes, cuando presentaron sus creaciones en lo de Dolli Irigoyen. Todas esas burbujas tenían alma y la mantienen. Champañeros de alma. Es la misma que transmitieron a este Phos, de etiqueta minimalista “La selección del lugar y del viñedo de donde provienen las uvas, así como el momento de cosecha, son claves para nosotros” cuentan los integrantes de Alma 4, Mauricio Castro, Agustín López, Marcela Manini y Sebastián Zuccardi.

Phos representa la captura de ese momento preciso: el de la cosecha, en ese viñedo, en este año. Es una partida limitada de sólo 1000 botellas, que llega al mercado siempre en primavera. Recién lo probé anoche, con un plato vegetariano con lo que tenía a mano, lentejas rojas, brócoli, jengibre, cúrcuma, curry y cilantro, con arroz Basmati perfumado con garam Masala, almendras y pasas. Era lo que había. Ese invento creció junto a eses leves burbujas sonrosadas.

Descubrí además, que al aroma a vino, a bodega, se sumaban, muy sutilmente, esos descriptores que me emocionan en los Pinot Noir, cierta sensualidad, con vahos a trufas, a hongos, a tierra mojada entreverados con un leve dejo de cerezas. La botella finiquitó y no dejó rastros fuleros en mi cabeza ni en la de mi acompañante. Los Pet Nat son sanos. Naturales. Por eso atraen cada vez más a esa tribu entusiasta que sigue los mandatos vegetarianos o veganos.  Ancestral, pero actual.  Eso sí, nada que ver con aquel champán de las muñecas bravas.

Hace unos meses probé otro Pet Nat, en todo el mundo se los está produciendo porque, quieren estar en la movida que atrae a los jóvenes y a los no tan jóvenes. Breva Petnat 2020 de Alpamanta, elaborado en Ugarteche con Criolla Grande. Tenían que ser europeos los de los de esta bodega Alpamanta para valorizar las virtudes de la Criolla Grande que da lo mejor de sí  cuando crece en un viñedo orgánico y biodinámico cuyo lema es el amor por la tierra. Notable también este Pétillant Naturel.

Y el Sobrenatural, de Chakana, al que llaman frizzante natural. De esta bodega orgánica y biodinámica. Tan bueno como el resto de estos vinos.

Y quiero absolutamente conocer uno de la provincia de Buenos Aires, elaborado en Dorrego, con Malbec. Se llama como una obra de Boris Vian: La espuma de los días.

Cruzat, entre las empresas que elaboran grandes champañas patrios, tiene dos Pet Nat, seguramente buenísimos. Pedro Rosell, en otro estilo diferente del de los chicos de Alma 4, es otro talentoso creador de efervescencias emocionantes.

Matías Riccitelli también tiene su Pet Nat: This is not a lovely rose, promete el nombre de estas burbujas que surgen del blend de Pinot Noir y Malbec. Gabriel Dvoskin suma a esta lista  su Pet nat de Pinot Noir, Pintom, combinación de frescura y elegancia, muy recomendable. Otro vino natural, fresco y vibrante: Ormaggio de Ernesto Catena.

En todo caso hay para probar sin que se te parta la cabeza.

Estos jóvenes ancestrales que invaden el mundo son una compañía maravillosa para platos de la cocina nikkei o thai, como aperitivo para ponerse en onda fiestera o para acompañar platos veganos pero ricos como el que me fabriqué ayer con lo que tenía. No ríen, sonríen con sus burbujas sutiles, sus aromas, su paladar seco. Su puro ser.