Hacen una aparición corta cuando comienza el verano. Visten de rojo profundo las mesas de Navidad y ponen sabor a todo lo que tocan: clafouttis, dulces, tartas, confituras, chocolates, tortas y helados.

Las de Patagonia, cultivadas en su mayoría de manera agroecológica, son mis favoritas. Cuando se acaban, siempre nos dejan con ganas de más.

Por si faltaran argumentos para comérselas de a puñados, están sus propiedades nutricionales, su aporte de fibras, vitamina C, magnesio, hierro. Sus virtudes antioxidantes, depurativas, remineralizantes. Las cerezas ayudan a bajar los niveles de ácido úrico en sangre. Alegran cuerpo y alma.