Además de explorar estilos y terruños, desde hace algunos años los hacedores del vino incorporan variedades poco frecuentes u olvidadas.

Publicado por  | May 16, 2021 |  |     

l Chenin fue caballito de batalla de blancos argentinos anónimos y se lo utilizaba especialmente en el corte de algunos espumantes. Hace unos años me entregué absoluta y sensualmente a las virtudes de esta variedad en un inolvidable viaje a París, donde probé diversos Chenin (del Loire, bien sur) nuevos y no tan nuevos, siempre secos.

Algunos tenían una larga crianza y una rara complejidad. Reencontré algunas de estas virtudes en el Chenin La Gran Revancha de Roberto de la Mota y últimamente un nuevo Chenin de Críos. Y recuerdo la deliciosa frescura del de Alfredo Roca, de San Rafael.

En cuanto al Semillón, en la patria, y antes de la invasión varietalista, tenía otra identidad: era ese blanco oscuro y pesado, algo dulzón, ensalzado por tangos reos, servido en las pizzerías de barrio, en los estaños de los bares porteños o en el pingüino de las cantinas. A esta variedad no se la plantaba en el terroir correcto y se lo vinificaba a la que te criaste. Todo mal, además no se usaban los sistemas de frío, tenía ese deja-vu oxidado.

Fue una audacia de Guillermo Barzi, de Bodega Humberto Canale, rescatar la variedad para instalarla entre los vinos blancos finos sacando su primer Semillón del Alto Valle de Río Negro, hace más de 30 años.

Cuando el redescubrimiento de Canale cumplió una década, pude probar el primero: no solo mantenía sus atributos, también había envejecido con dignidad. Se había convertido en un blanco complejo y raro.  

Según viejos viñateros era una práctica común mezclar Malbec y Semillón. Eran uvas históricas de toda la vida, simplemente estaban allí, como el sol, o el aire.  

La lejana hazaña de Guillermo Barzi, sumada a la cada vez más creciente demanda de diversidad y a la puesta en valor de los blancos, inspiró a las bodegas mendocinas. Entre los mejores ejemplos probados este último tiempo: Tomero Reserva Semillón, de Carlos Pulenta o el de Mendel.

Según viejos viñateros era una práctica común mezclar Malbec y Semillón. Eran uvas históricas de toda la vida, simplemente estaban allí, como el sol, o el aire.

Por otro lado, hay una reivindicación cada vez más importante del Torrontés, ya no es más ese empalago que confundía a las señoras sabihondas que declaraban no beber jamás vinos dulces. La dulzura estaba en la exuberancia de los aromas. Nuestra auténtica variedad nacional, ya que nació aquí en un revolcón de la Criolla Chica con la Moscatel de Alejandría. Tiene, como la divinidad, muchas caras.

El mito dice que un tal Capitán Garzón lo trajo de España y lo plantó en Nonogasta, La Rioja, en 1611. En todo caso aquí, como sucede con la gente y las uvas, se convirtió en otra cosa. Es un blanco salvaje con aromas a flores silvestres y cierto recuerdo a Moscatel.
Hoy hay varios Single Vineyards que expresan un carácter más cítrico y menos frutal, gracias a que hacedores referentes como Alejandro Pepa, y Paco Puga, entre otros,  que deciden cosechar antes las uvas.

Ahora, del Valle de Uco también están llegando ejemplares que desafían su carácter y potencial. Un ejemplo, el Signature Torrontés de Susana Balbo, elaborado con uvas del Valle de Uco, extraordinario.  

Aunque siempre compro en el chino y cuando me quedo sin blancos el  Etchart Privado, por nada o casi nada. Reconozco que hay extraordinarios Torrontés salteños, entre los que aprecio los que hace el Ale Pepa, un blend de dos viñedos, de Cafayate y Chañar Punco, Catamarca. O el Amalaya, con toque de Riesling, de notable relación calidad precio, y el de Colomé, un viejo seductor. Hasta el sur más extremo se fue la sensual Torrontés. La Bodega Otronia ha sembrado esta uva en Sarmiento, Chubut, veremos qué pasa.

Recientemente varias bodegas rinden homenaje a estas tradiciones de variedades blancas de fuerte identidad argenta: Santa Julia 2020 Nacional,   a base de  Semillón y Torrontés. El Histórico DV Catena Semillón Chenin 2019 Apelación Agrelo. Otro más. El Regreso, de la Liga de los Enólogos, del grupo Peñaflor, blend de Semillón y Chenin, es un vino fresco para goce cotidianos, creado por jóvenes enólogos de diferentes regiones argentinas.

Bodega López acaba de lanzar sus blancos 2020, Semillón y Chenin. Hace muchos años que descubrí, junto a Miguel Brasco y Carlos López que ese blanco que siempre me acompañaba en los chiringuitos de playa, se elaboraba con Semillón. Lo que se nombra existe. Desde hace un tiempo se deschava en la etiqueta. Y tienen un Montchenot Chenin Blanc,  seguramente tan bueno como el Semillón. Hoy lo pruebo. 

En  cuanto a los tintos, hay criollas de todos los tamaños, en especial de Criolla Grande. Me gusta el de El Esteco, enormemente; Cadus Signature Serie 2017 firmado por  Santi Mayorga; el de Proyecto Las Compuertas de los Durigutti, que recupera su esencia ancestral. Y el raro Cara Sur, de Barreal, Valle de Calingasta, en San Juan, una iluminación de Sebastián Zuccardi y Francisco Bugallo. Exitazo.   

A la Garnacha la había oído nombrar de chica, como integrante de vinos comunes; la redescubrí en todo su esplendor año a año en España, especialmente en algunos vinos del Priorato, esa denominación catalana que hasta hace algunos años era moda absoluta, con sus vinos carnosos, estructurados, oscuros, con mucho alcohol. Algunos me siguen gustando.

Hay actualmente algunos varietales o blends de garnacha. Una uva mediterránea, protagonista en los vinos catalanes y del sur de Francia (Grenache), que por aquí tuvo sus momentos de gloria. Se la conocía como uva pop, que servía de base para vinos de mesa en las casi desaparecidas damajuanas. Otro de la Liga de Enólogos, esos jóvenes enólogos que decidieron crear vinos bebibles y placenteros; tienen un blend de Garnacha tintorera y Syrah: La Gran Nacha.

Hace un par de años reapareció la garnacha con su nombre francés en la etiqueta. Por supuesto queda mejor grenache que garnacha (para algunos).   DV Catena Malbec-Grenache me recuerda algo al Pinot Noir pero respaldado sobre la fruta fresca del Malbec que le transmite sensualidad.

En Argentina comenzó una reciente revalorización de diferentes variedades, olvidadas o ninguneadas, como es evidente en los vinos de la Bodega Ver Sacrum, que construye blends con garnacha y otras uvas mediterráneas. Todavía no vi ninguno elaborado a base de Garnacha peluda. Existe.