
Javier Rodríguez
El Papagayo
De la mano de un restaurante que lo tiene enamorado desde hace diez años («gracias, Papagayo hermoso,» así le dedicó su último premio) Javier Rodríguez obtuvo la categoría Dos cuchillos en el certamen The Best Chef Awards 2024. En esta entrevista, un paseo por sus nuevos proyectos, su rol como consultor gastronómico y sus eternas ganas de cambiarlo todo.
Publicado por Fernanda Sández | Dic 8, 2024 | Protagonistas |
ue me atienda desde el celular y sentado a una larga mesa de reuniones en la trastienda de Standard 69, una de sus cafeterías, no es casual. De los últimos meses, Javier Rodríguez se pasó la mayoría viajando entre Paraguay, Barcelona, Estados Unidos, India y Dubai. En ese último lugar fue precisamente donde este santiagueño reconvertido en cordobés ganó dos cuchillos en una competencia en la que el premio máximo son tres. Y puso al ya famosísimo El Papagayo –un restaurante mínimo en el corazón histórico de la ciudad de Córdoba– dentro de un mapa internacional que registra y distingue a cocinas y cocineros que hacen bastante más que ejecutar recetas o complacer paladares: The Best Chef Awards.
Que no pierda la sonrisa ni el humor ni siquiera en ese ambiente en el que ya comienza a sentirse el rush de la jornada que inicia (jóvenes cocineros que saludan, proveedores que llegan jadeando porque dejaron la camioneta mal estacionada, lo normal en cualquier cocina de cualquier lugar del mundo) también habla de este abogado que lee muchísimo, vive fabricando lo que sueña y que, como reconoce, se aburre rápido.
Tal vez por eso a su primera apertura, El Papagayo, un antiguo pasillo de 2,40 metros de ancho, pensado para el acceso de la servidumbre decimonónica y convertido por él en un restaurant de clase internacional para sólo 34 comensales, lo siguió otra más accesible en precio pero con los mismos estándares de calidad (Standard 69), luego una cafetería (El Papagayo Petit Café), más tarde una marca propia de café (Shiok Café Roasters, resultado de sus años de aprendizaje viajando alrededor del mundo y saboreando buen café) y luego una panadería. Pero, atención: el furor hacedor no se termina y tampoco tiene problema en cambiar de dirección sobre la marcha. La gente que trabaja conmigo lo sabe, se adapta a eso y hasta lo disfruta porque en el cambio se aprende un montón. A veces miro qué hay en la cocina y cambio algo del menú sin previo aviso, porque capaz alguna fruta o algún producto está muy bueno y hay que aprovecharlo, explica.
Nos capacitamos todo el tiempo en servicio y hoy casi que lo disfruto a la par que la cocina. Yo siempre digo que la primera y la última mesa son claves, porque cuando ya hay gente la cosa camina sola, pero en esos dos momentos tenés que estar ahí haciendo que los primeros y los últimos comensales se sientan bienvenidos.
Una vez, recuerda, la periodista Rossana Acquasanta lo entrevistó y tituló esa nota como La cocina que acontece. El quedó encantado. Porque es así, tal cual: aquí las cosas acontecen, suceden. Nunca podés prever qué va a pasar finalmente ni en la cocina ni en la sala. Acá puede haber un hombre proponiéndole casamiento a su pareja, una vez hubo una mujer que le pegó un cachetazo a su novio y se fue, un grupo de amigos charlando… Nunca sabés, dice.
Lo que sí sabés es que el concepto central de El Papagayo es la armonía entre las partes que lo conforman: servicio, diseño, cocina. Nuestro objetivo es que la gente tenga una experiencia armónica y confortable. Ojo, hay otra gente que apela al desafío constante, hay propuestas que quieren incomodarte y me parece súper válido, pero nuestra idea es otra. Nuestra propuesta es que la gente tenga una experiencia muy agradable, pero no pretenciosa ni filosófica. Algo que se disfrute con todos los sentidos.
Y es muy difícil de lograr porque tenés que encontrar la música justa para ese momento, la iluminación perfecta para esa hora y demás, dice.
En pleno centro de la Ciudad, este fine dinning cordobés ofrece excelente producto en un local de tan sólo 2,40 metros por 32 de largo. Enfrente, @elpapagayopetit un bello café, y Casa Papagayo, el hotel con mini suites.
«Si vos hacés las cosas bien, lo que hagas va a funcionar»
En su mundo, cada detalle cuenta y el arte es una presencia casi tan constante como los libros. En El Papagayo, por ejemplo, hay una biblioteca con más de mil volúmenes de cocina y un ejército de aprendices a los que se los manda a leer. Yo a los chicos se los digo todo el tiempo: lean, lean, lean. Busquen tutoriales en la Web, pero también lean libros para aprender cómo se hace todo eso que no saben hacer bien todavía. Cada espacio bajo su comando incluye también obras de arte, casi siempre de artistas locales como Dolores Cáceres o Lucrecia Castillo, por lo que la entrada a cualquiera de esos ambientes implica para los jóvenes cocineros y cocineras en una inmersión sensorial que va mucho más allá de lo estrictamente culinario. La Bandada, una nube de 1.500 pájaros de cerámica que sobrevuelan las cenas en el restaurante, por ejemplo, es obra del artista cordobés Santiago Lena, quien diseñó no sólo la vajilla de El Papagayo, sino que también ideó piezas originales para varios locales de Buenos Aires. También en ese sentido Rodríguez es un innovador: no “privatiza” ni sus contactos ni sus descubrimientos, y de hecho durante toda la conversación tiene palabras amorosas para colegas como Guido Tassi o Gonzalo Aramburu.

Acá viene la misma gente. Tenemos 90% de público cordobés y la verdad es que nos encanta eso porque las crisis del turismo no nos afectan para nada. Nunca me ha dado ni un poquito de miedo abrir El Papagayo en Córdoba, pero además nos hemos acomodado para que la gente pueda volver aunque sea cada dos meses a probar el nuevo menú. Esta es una ciudad de gente muy viajera y que ama la buena vida.
Arte y parte
Una manzana verde, idéntica a la del Hijo del hombre, de René Magritte –verde manzana, desde luego– posada sobre la mesa, y esperando. Ni él sabe de dónde fue que nació aquel detalle que se le ocurrió una vez y que identifica a El Papagayo. Y que reaparece en Standard 69 casi como un guiño. Mejor dicho: una contraseña, algo que reconocen los que ya están en el juego. Claro que cada propuesta es diferente porque se trata de públicos, edades, precios y momentos distintos. Así, pues, lo que tiene El Papagayo de exclusivo –planteado incluso desde lo espacial– lo tiene Standard de relajado y el café de Ishiok de auténtico: nada se repite calcado, pero sí hay en cada parte de la sinfonía un aire de familia, una idea en común que podríamos resumir en “hospitalidad”. Rodríguez, dice, no quiere que la gente venga, coma y se vaya; prefiere que se quede un buen rato, que la pase mejor por más tiempo. Que recuerde. Que vuelva.
Nosotros estamos siempre pendientes del momento, del día y de quién está en ese momento. Porque claramente no es lo mismo cuando toca Hernán Cattáneo en Córdoba y se te llena el local de pendejos rockeros que si al otro día vienen solamente parejas de sesenta años. Lo que pasa a veces es que la gente viene a El Papagayo con mucha prevención, en el sentido de que se sienten de visita o creen que es algo muy exclusivo. Pero todo el equipo trata de que todos se sientan bienvenidos, que nadie se sienta incómodo porque la carta de vinos es muy sofisticada y que disfrute del vino que elija sin necesidad de que sea una botella de U$S 5.000. A veces todo lo que se necesita es escuchar, prestar atención.
El menú de cata de doce platos de El Papagayo refleja la geografía única de Córdoba, su origen santiagueño en los panes y los años formativos de Javier en cocinas de vanguardia alrededor del mundo.
En su momento, hace de esto diez años, abrir aquí El Papagayo fue toda una apuesta, pero yo sabía que el público estaba y que iba a responder. En Córdoba hay buen nivel económico y mucha gente a la que le gusta salir y disfrutar. Además, cuando vos hacés las cosas bien no hay manera de que te vaya mal, sobre todo si conocés y manejás las herramientas de servicio que te permiten crear el ambiente adecuado. Se puede ir marcando el ritmo con la música, con la voz, con las luces. Más te digo: yo en este momento creo que disfruto las charlas sobre servicio tanto como la cocina, porque la atención es clave, insiste.
Y nadie mejor que él para decirlo. Él, que tiene tatuada en su brazo una muy telúrica empanada, en honor al plato que (en plena pandemia y con todos los restaurantes cerrados a cal y canto) le permitió sobrevivir y dar empleo, hoy, a cerca de 130 personas. En otro brazo tiene un dibujo hecho por Mateo, su hijo de siete años. Es un papagayo un tanto conceptual –puro círculo y palitos– pero papagayo al fin.
Javier lleva a Mateo todos los días a la escuela y después comienza el recorrido laboral, que tiene paradas precisas: los cafés primero y el restaurante recién después del mediodía. Organiza su agenda con todo cuidado pero aun así (y sobre todo desde la apertura de un local en Paraguay) sabe que el tiempo vale oro y él lo maneja con todo cuidado porque proyectos hay, y de sobra. Y algunos, como el Doc Café, crece hasta que se le va de las manos.
La anécdota es así: a Javier le dieron la concesión de un café en un hospital. Para qué: al poco tiempo, la gente iba al hospital no ya para atenderse sino a comer algo rico en el Doc Café. El atribuye ese pequeño milagro al clima de ese lugar, al café convertido en un refugio contra el dolor. Para él, la belleza, los sabores y la hospitalidad tienen ese poder de volverse escudo contra todos los males del mundo. De ahí también, dice, que para nosotros el diseño y el arte son tremendamente importantes. Y todo está cargado de simbología: la manzana, el huevo. Tanto que en algún momento El Papagayo se hizo más conocido por el diseño y el arte que por cualquier otra cosa. Ha ganado premios internacionales y su arquitecto es súper reconocido. Es cordobés, pero vive en Singapur hace muchos años y esta es su primera obra en Argentina. El espacio es algo parecido a un túnel, no hay una sola ventana. Entrar allí es muy impactante y hay que relajar a la gente para que la pase bien.
Nosotros a Estándar 69 aquí en Córdoba, lo hemos creado con mi esposa (la arquitecta Lucía Roland) porque necesitábamos sentirnos cómodos tomando un café y comiendo un sándwich, y eso era algo que no había.
El mapa infinito
¿Cómo sigue ahora el viaje de Javier? ¿Por dónde planea seguir haciendo sus magias? Hay cosas que puede contar y otras que no porque están aún en proceso, en esa etapa vaporosa y apasionante de la ideación, de las conversaciones con potenciales socios, de viajes de aquí para allá. Y de regresos, también, porque en su gorda carpeta de planes hay uno que parece tenerlo especialmente enamorado. Se trata de una panadería, un proyecto que leudó solito y por fuera del circuito gastronómico de Córdoba capital. Y como esa provincia fue cuna de la reforma universitaria de 1918, el proyecto se llamará así: La Reforma. Todavía está en su etapa germinal, que es la restauración del edificio histórico que le dará abrigo. Pero a Javier hablar de esa panadería ya le enciende los ojos. ¿El premio no? ¿Eso de haber sido elegido como uno de los mejores chef del mundo no le pone a galopar el corazón ni siquiera un poquito? Parecería ser que sí, pero tampoco tanto. Está contento y agradecido, pero tantos años en el rubro lo han vuelto sabio. Desde mi experiencia te puedo decir que la gente mucho no se entera y que no cambia mucho las cosas.
«La cocina que acontece» se completa con propuestas más sencillas pero de gran calidad: buen café, vermouth y pastelería deliciosa en Standard Bakery 69 y en el Petit Café, justo enfrente del restaurante. En Shiok Roasters, tuestan el café de especialidad todos los días. Se puede visitar el tostadero.
Yo no trabajo para los premios: trabajo para la gente de Córdoba que me sostiene a mí, a mi familia y a mis empleados. Sería mentiroso decir que no me gusta recibir premios porque esto es resultado de una carrera con mucho esfuerzo detrás. Pero son cosas de impacto a muy corto plazo, ¿has visto?
Lo importante, según él, es lo otro: conseguir que la gente conozca la propuesta, se entusiasme con ella y siga esperando para poder acceder a una mesa en ese pasillo por el que hace cien años desfilaban mayordomos, cocineras, carboneros y lavanderas, camino a sus trabajos. Yo creo además que las demandas se crean a partir de las propuestas. Eso sucedió con El Papagayo y una de las cosas que me hacen sentir más orgulloso es que ahora, cuando viene gente de afuera, la gente de Córdoba la trae a comer acá. Se generó un aspiracional, digamos, un lugar turístico adonde traer a los visitantes. Y, lo más importante, un lugar al que a la gente le dan ganas de volver. Ese es el premio. ·
Para más datos
El Papagayo.
Arturo M. Bas 69, Córdoba. IG: @elpapagayo69
Consultá la carta aquí
El Papagayo Petit Café.
Arturo M. Bas 70, Córdoba.
Lun a vier de 8 a 20 y sáb de 9 a 14 y de 16 a 20. Dom cerrados.
IG: @elpapagayopetit
Shiok Café Roasters.
La Tablada 367, Córdoba Capital.
IG: @ shiokroasters
shiokroasters.com.ar
Standard 69.
Achaval Rodríguez 244, Barrio Güemes.
IG: @standard69cafe
Villa Warcalde en @punto.w
Jose María Eguía Zanon 9107 – Rotonda Villa Warcalde
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