Fruta extraña que nos da una pista de cómo pudieron llegar a ser las primeras manzanas. En la cocina se convierte en postres, acompañamientos, conservas. Más versátil no se consigue.

Publicado por  | Ilustraciones de Milagros BrascóMay 10, 2021 | ,

al vez el de membrillo fue el primer dulce de la historia, de hecho, la palabra portuguesa marmelada, está asociada a esta fruta rústica y terrosa (marmelo) que con la cocción se vuelve tierna y cambia el color blanquecino por el rojo rubí. No hay manera de comerla si no es cocida porque su astringencia es total: para saber qué son los taninos, nada como probar un membrillo crudo. 

El Malbec rosado y el blanco –en realidad cualquier blanco– se llevan bien con este integrante de la familia de las rosáceas que nació en el Cáucaso, en el sudoeste cálido de Asia –Irán, Turquía– mucho antes que la manzana y se popularizó en todo el Mediterráneo. Además de ganar en la cocina en forma de acompañamientos, masas, golosinas, tenía valor simbólico. En la antigua Grecia estaban consagrados a Afrodita, la diosa del amor, y era costumbre que los recién casados lo comieran antes de entrar en la habitación nupcial. Luna de miel, o de membrillos, asegurada.

En la Edad Media, Nostradamus, que además de alquimista era confitero, dejó una receta –una no, varias– de compotas hechas con esta fruta. Por supuesto, recomendaba comerlos con cáscara, para que concentren más su aroma y sabor.

Argentina concentra su producción en San Juan y Mendoza, pero también se cultiva en parte del NOA, Córdoba y Buenos Aires (San Pedro).

Hay tantas maneras de preparar membrillos como culturas. Si sos de acá, seguro los probaste en forma de dulce sólido, ese ladrillito azucarado y clarito que comemos con queso –postre vigilante–, un producto tradicional de Andalucía que viajó hasta estas tierras de la mano de los españoles.

Más opciones: en cascos, acompañando carne de vaca, como en la cocina sefaradí; o carne de cordero, como en la marroquí. En chutneys o en helados. En jaleas (tienen tanta pectina que no se necesita agregarle ningún espesante). Y por supuesto en pasta frolas, masitas y pastelitos patrios. Hablame de versatilidad.

Ojo que la temporada es corta, conviene apurarte y buscar recetas para aprovecharlos, como las que compartimos acá (Link). Un tip: cortalos por la mitad. Armate de paciencia y sacales semillas y partes duras. Agregales agua, chorrito de limón, azúcar o miel. Llevalos al horno hasta que estén tiernos. Con almendras tostadas y una quenelle de helado de vainilla o un copete de crema batida, se parecen a la gloria.