¿Por qué Ein Prosit no es
un evento gastronómico más?
Durante el festival –del 17 al 20 de octubre– pude explorar Udine, una ciudad italiana con riqueza arquitectónica. Probar sus vinos y su deliciosa cocina local. Conocer su mercado y sentarme a la mesa preparada por algunos de los mejores chefs del mundo. Y comprobar una vez más, que la gastronomía es el espejo de un territorio, de su gente y su cultura.
Publicado por María De Michelis | Nov 7, 2024 | Eventos gastronómicos |
uando los eventos gastronómicos se multiplican más que los panes del milagro bíblico, y las ideas abundan menos que el tiempo que nos lleva pensarlas, Ein Prosit resulta una bocanada de aire fresco, una celebración de la cocina y el vino, pero sobre todo de un lugar, su gente y su cultura.
Es otoño en esta ciudad pueblerina de 100 mil habitantes que no conoce el vértigo urbano. Corre un viento fresco que no llega a frío y en los bares hay un clima más encendido de lo habitual, un ánimo festivo que se hace amigo de la birra, el vino blanco Ribolla Gialla y el frico, esa bomba calórica mezcla de papa rallada y queso capaz de pelearle –y ganarle– la batalla al frío invernal. Estamos en una región de alta producción láctea y las queserías no dan abasto: nadie quiere irse de este lugar sin su porción de Parmesano o de Montasio, un producto friulano de vaca y pasta semidura con Denominación de Origen Protegida y mucho sabor. La alegría también se respira en las calles donde coros de jóvenes, al son de “dottore, dottore…”, alientan a sus compañeros recién recibidos de médicos. A esos flamantes profesionales es fácil reconocerlos: en la mano llevan su diploma igual que una antorcha y en la cabeza portan una corona de flores, o una cuota de orgullo.
Fueron cuatro días en los que cocineros de distintas trayectorias y perfiles, expertos en vinos y productores locales intercambiaron saberes y sazones, con la creatividad, el respeto por los productos y la sostenibilidad como lema; y las montañas de Tarvisio como telón de fondo.
1 | Catedral de Santa María de la Anunciación. 2 | La Trattoria ai Fratti lista para una de las cenas del festival. 3 | Ostería Al Cappello.
Pero más allá de las costumbres vernáculas y de los diplomas bien ganados, el motivo por el que Údine está de fiesta a esta altura de octubre y desde hace 25 años, es la nueva edición del festival gastronómico anunciado en la plaza Giacomo Matteotti donde se disponen carteles con la imagen de 90 chefs que brillan en el mundo. Celebrities de 20 países que van a cocinar a dos, tres o cuatro manos, a compartir experiencias y aprendizaje con colegas locales de distintas trayectorias y estilos, a brindar y celebrar.
Se trata de una enorme iniciativa que involucra a muchas –muchísimas– personas, entre cocineros, periodistas especializados, figuras de la industria: ¿Un festival gastro más? Mientras me pregunto qué distingue a este evento –uno de los más destacados en el calendario europeo– de otros similares. Tal vez una de las razones se descubra en la enorme mesa de Ein Prosit y su elogio de la cocina entendida como un combo en el que caben las tradiciones y la sazón regional, las técnicas y perspectivas contemporáneas, el vino, su gran aliado, y la música, que tiñe de color festivo cualquier encuentro.
La cocina cuenta un paisaje
No es novedad que el turismo funciona como aliado de la gastronomía de un país y que la manera y las motivaciones para viajar cambiaron. Antes, de cada viaje se acopiaban postales. Ahora se coleccionan sabores. Se viaja para conocer a qué sabe un lugar.
Hoy un plato es tan importante como un monumento, pero la cocina le lleva ventaja: no se parece a una pieza de museo. Es dinámica y genera vínculos.
La camaradería fue uno de los valores que se articularon en Ein Prosit. Más de 90 cocineros de distintos perfiles y trayectorias confluyeron en un festival donde reinó el espíritu de intercambio de saberes alrededor del fogón.
A las cenas que prepararon chefs con estrellas Michelin y que figuran en The World’s 50 Best Restaurants Awards se sumaron degustaciones de pasta en food trucks, pizza amasada y horneada en la Via Cavour, clases magistrales, catas de vinos fuera de serie, talleres específicos y reuniones. En total hubo más de 140 eventos durante el festival.
Y detrás de la puesta en escena del acontecimiento organizado en Udine se esconde un tremendo desafío: poner en valor la riqueza turístico/gastronómica de un sitio algo opacado por la grandilocuencia de la cercana Venecia, escondido en el mar de destinos que guarda el manual del buen turista. Udine no despliega la espectacularidad veneciana, esa ciudad que parece un gran teatro, pero guarda un encanto que late en sus calles de andar calmo, en sus plazas como la Matteotti o la della Libertà. En el esplendor de su castillo. En la belleza arquitectónica de la Loggia del Lionello y de la catedral. En su mercado de verduras, frutas y pescados frescos. Y en la enjundia de su comida.
1 | Paolo Vizzari, organizador del evento, conversa con Corrado Assenza. 2 | Massimo Bottura en la cena inaugural de Ein Prosit. 3 | No faltaron brindis ni música a cargo de Dj’s. 4 | El menú de la cena de Mauro Colagreco, Massimo Bottura, Virtgilio Matínez, Freanco Pepe y Andrea Tortora. 5 | Yoshihiro Narisawa y Takahiko Kondo en su cena «El Japón que sonríe». 6 | Temaki de atún y kura. 7 | Cena en Là Di Moret. 8 | Ana Ros y Nicolai Tram. 9 | Carne y vegetales en Le Fucine.
Iluminar a Udine través de la cocina y el vino es el “fondo de la olla” del festival, la razón primera que argumenta la dupla de Manuela Fissore y Thomas Barker. Ambos colaboran con Paolo Vizzari, el periodista y escritor especializado en gastronomía que organiza el evento creado por Claudio Tognoni.
1 y 2 | Chiara Pavan y Francesco Brutto y sus appetizers. 3 | Degustación de vinos de la región. 4 | Leo Espinosa y Begonia Rodrigo en acción. 5 | Anticuchos marinos en la cena inaugural. 6 | Manoella Buffara cocina con el egipcio Prateek Sadhu. 7 | Bocados de Alimentare. 8 | Pizza al paso en Via Cavour. 9 | Pasta para todos en el food truck de Felicetti.
Así, además del impacto obvio que genera sentarse a la mesa en una cena en la que cocinan juntos Mauro Colagreco, Virgilio Martínez y Massimo Bottura, Franco Pepe y Andrea Tortora; o Takahiko Kondo y Yoshihiro Narisawa; o Leonor Espinosa y Begoña Rodrigo y los evidentes intercambios de saberes y platos, acercarse más a la cocina italiana de la mano de sus representantes, Ein Prosit muestra de manera tan sensible como contundente que la gastronomía es indisoluble de su territorio, de su gente, de su cultura.
Los chefs de esta edición
Accursio Craparo, Alejandro Chamorro, Alessandro dal Degan, Ana Ros, Andrea Tortora, Andreas Caminada, Antonia Klugmann, Antonio Buono, Ascanio Brozzetti, Bruno Verjus, Carlo Cracco, Chiara Pavan, Christophe Pelè, Ciro Scamardella, Corrado Assenza, Cristian Torsiello, Daniel Hadida, Darren Teoh, Davide di Fabio, Davide Garavaglia, Davide Marzullo, Davide Oldani, Diego Rossi, Emmanuel Renaut, Enrico Crippa, Enrico Marmo, Eric Robertson, Errico Recanati, Fabrizio Mellino, Francesco Sodano, Francesco Vincenzi , Franco Pepe, Gianluca Fusto, Gianluca Gorini, Giovanni Santoro, Giuseppe Iannotti, Gresham Fernandes, Himanshu Saini, Hrvoje Kroflin, Javi Estèvez, Jessica Rosval, Johannes Richter, Johanna Richter, Jorge Vallejo, Joris Bijdendijk, Karime Lopez, Kobus Van Der Merwe , Kondo Takahiko, Leo Espinosa, Maksut Askar, Manu Buffara, Manuel Costardi, Marco Renzetti, Martina Caruso, Massimiliano Alajmo, Massimo Bottura, Matias Perdomo, Mattia Agazzi, Mattia Pecis, Mauro Colagreco, Mauro Uliassi, Michelangelo Mammoliti, Moreno Cedroni, Nicolai Tram, Niko Romito, Norbert Niederkofler, Paco Mèndez, Paolo Griffa, Paul Ivic, Pìa Salazar, Pìa Leòn, Prateek Sahdu, Quique Dacosta, Renè Frank, Riccardo Camanini, Riccardo Canella, Roberto Pintadu, Rodolfo Guzmàn, Salvatore Sodano, Santiago Lastra, Tony lo Coco, Valeria Margherita Mosca, Vasco Coelho Santos, Vicky Cheng, Virgilio Martínez, Yoji Tokuyoshi, Yoshihiro Narisawa, Begoña Rodrigo.





