Los Zuccardi y el Tempranillo son inseparables Esta familia de visionarios que lograron con esta variedad un vino de calidad que fue evolucionando a lo largo de cada cosecha.

sta variedad llegó a la Argentina mucho antes que el Malbec, pero no corrió la misma suerte. Cuando José –Pepe– decidió plantarla en Santa Rosa, pensando en hacer un vino de calidad, el Tempranillo todavía era sinónimo de tinto de mesa. Años más tarde, en 1997, la primera cosecha fue toda una sorpresa: en ese terruño ninguneado Zuccardi había encontrado un tesoro y el Tempranillo pasó a formar parte del sello y de la historia de la bodega. Fue la primera etiqueta que llevó el nombre Zuccardi por sugerencia de Miguel Brascó: Tenés un buen apellido, usalo, le dijo el periodista, escritor e ilustrador genial.

Tempranillo fue algo muy especial, una variedad muy desconocida, la llamábamos “Tempranilla” y era un vino de mesa.

El vino es la gente y el lugar, sentencia Zuccardi, y cuenta que, en aquel entonces, no solo había marcado con la Q de quality al viñedo, sino que también esa letra indicadora de calidad estaba en la indumentaria de las personas que trabajaban en él.

Sin duda, la evolución que tuvo la vitivinicultura desde esos comienzos hasta ahora es enorme y el Tempranillo Q delata en sus distintas añadas ese cambio a favor. En una cata vertical organizada en el restaurante Oviedo, de Emilio Garip, probamos las cosechas 1999, 2003, 2007, 2013, 2017, 2018. Cada una diferente, cuanto más joven más se percibe cómo la madera perdió presencia y el vino iba ganando en frescura y bebibilidad. Sin embargo, el hilo conductor que enhebra esta colección de cosechas es reconocible. Hay una familia con gran visión de futuro y mucho trabajo detrás de estas botellas. Larga vida al Tempranillo.

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