Por  | Fotos de Santiago CiuffoAgo 6, 2018 |

¿Tu conexión con la cocina ya era fuerte de niña?
De chica ya me gustaba mucho, sí. Mi mamá me sentaba a mirarla cocinar –para entretenerme– y a mí me encantaba ver, probar todo crudo. Cuando la vi repetir esa escena con sus nietos me di cuenta: yo fui esa nena también. Me acuerdo de la pasta frola, la tarta de coco para la tarde; ella me dejaba un poco de la masa para jugar. Hasta el día en que me animé a pedirle: ¿puedo hacer yo mi propia masa? Así empecé. Teníamos un bowl amarillo con unas marquitas, que ella usaba para guiarse mientras hacía todo a ojo. Tendría unos diez, once años cuando incursioné en la primera receta yo sola, un Lemon Pie, gran momento de realización. 

También fueron importantes los programas de cocina desde chica. Soy de esa generación en que Utilísima saltó al cable: eran 24 horas de cocina disponible. Miraba Todo Dulce, lo grababa en la videocasetera, anotaba las recetas, quería probarlo todo y por suerte en mi casa no me lo coartaban. 

¿Y qué te brindó el salto al otro lado de la cámara?
Ser comunicadora en este rubro no fue algo que planeara. Después del IAG, mi expectativa era irme afuera a seguir con pasantías como todo el mundo. A la vez había terminado Imagen y Sonido y trabajaba en publicidad cuando apareció el casting para Cocineros Argentinos. La propuesta era viajar por el país,  cocinando a la par que descubría los productos en su origen, y me di cuenta que esa experiencia sería única, nunca iba a poder visitar un campo de quínoa y cocinar ahí mismo. 

Así aprendí mucho de la riqueza gastronómica que tiene la Argentina y sus regiones y que por ahora es algo que lamentablemente no se estudia en ningún lado. Viajar fue una apertura de cabeza enorme, conocer y apreciar el lugar del que hace ese producto con el que trabajás, de lo cual no tenés la menor idea hasta que no lo ves de primera mano. El otro día Guido Tassi me decía: los cocineros trabajan con los productos como si fueran repuestos de auto. Sin detenerse a pensar de dónde salen, cuál es su época, como crecen.

¿Creés que al público le pasa lo mismo? ¿Qué pasa con la cocina familiar?
Yo creo que la gente se interesa cada vez más por la cocina y por saber el origen de los alimentos que consume. Los comunicadores y los cocineros en general tenemos una responsabilidad muy grande de enseñar esto. Desde la TV Pública no nos persigue tanto el rating y esa es una ventaja enorme, podemos invitar a los productores, mostrar su trabajo, ayudar a que la gente entienda mejor la trastienda de lo que recibe en la verdulería o en el súper. Hay un montón de productores haciendo cosas tremendas pero que no tienen posibilidades de insertarse en una red. Lo saben los del pueblo y nada más. Esa es una valla muy difícil de quitar. Ayudar al productor a hacer contactos, a establecer vínculos con los cocineros de la zona y con los vendedores.

La contracara de todo esto es la facilidad de llegada, más bien la potencia de llegada de los ultraprocesados, ¿no?
Se venden como alimentos cosas que no lo son: otro desafío para nosotros como comunicadores. Es un tira y afloje muy difícil que acá recién comienza a percibirse. Tenemos la responsabilidad de hablar de los ultraprocesados, dar información y no dejarlos entrar en la cocina.

Yo entiendo, más ahora siendo mamá, que la gente no tiene tiempo y necesita resolver con facilidad las comidas. Antes la abuela o la mamá te decían qué comer, ahora te lo dice la industria: eso lo dijo Patricia Aguirre y me parece fundamental entenderlo.

¿Es importante la relación entre cocinar y comer, desde chicos?
Cuando los chicos participan de cocinar, comen más y mejor; pero también es fundamental saber comer para cocinar bien. Es una rueda definitiva: si tu paladar distingue y tenés parámetros, vas a ser mejor cocinero.

Ahora que sos mamá, ¿le das otra importancia a ese vínculo con el alimento desde pequeños?
Es clave. Nunca había pensado antes lo importante que fue lo que comían mis papás para que me gustara a mí. Yo comía gambas al ajillo, rabas, porque les encantaban a ellos. Nunca se me hubiera ocurrido que los mariscos no fueran para chicos. Eso me hace entender la enorme responsabilidad que tengo yo hoy con mi hija. Si como sólo golosinas, eso es lo que le estoy transmitiendo a ella; si amplío mis horizontes y tengo un paladar, ella va a tener esa oportunidad.

¿Qué te gustaría darle a Nerolí cuando empiece a comer, en pocas semanas?
A mí me encantan los sabores intensos y me encantaría que mi hija un día valore eso. Que coma lo más natural posible, entiendo por natural lo menos ultraprocesado posible, intervenido sólo en casa: alimento real. 

Proyecto Fuegos

Ximena es también la cara visible de “Fuegos”:  un proyecto que se desprende del CCK, un espacio que la cocina no tenía en el sistema de medios públicos, reivindicándola como algo importante a comunicar

“Es una ventana para visibilizar todo lo que está pasando en Argentina a nivel gastronomía. Productores, productos, que todo ese trabajo se vea. Por ahora Fuegos es un canal dentro de Contar, donde hay varios programas. Uno es Sobremesa, entrevistas que hice a cocineros, otro es Puertas Adentro, porque yo creo que la auténtica cocina está en las casas: los mejores locros no se comen en los restaurantes, siempre los probé en el ámbito doméstico. Teníamos ganas de hacer un recetario de esa cocina, puertas adentro. Esta semana sale por ejemplo el de Charquicillo, recetas que quizás muchos no saben que existen pero que en algunas regiones se hacen a diario. En septiembre sale también Productores, un programa con 13 representantes de distintas regiones.

La idea ahora es empezar a producir otros programas con otros cocineros. Uno con Sole Nardelli; uno para niños para el año que viene, encarando el tema de la alimentación en la infancia. Yo solo conduje Sobremesa, no quiero conducir más que eso, me parece que está bueno que otros tengan la oportunidad de hacerlo.

Hicimos Mesa Patria que son 6 eventos para distintas fechas patrias con dos cocineros diferentes cada programa. Fue muy lindo darle la oportunidad a cocineros quizás no tan conocidos fuera del ambiente, por ejemplo Mer Solís y Julieta Caruso. Los cocineros investigan qué se comía en la época junto a un historiador y en esa fecha originalmente, y producen un menú basado en eso. Muy lindo.”