F vinos para criticos 69421

¿Vinos para críticos
o vinos para beber?

El poder silencioso detrás de los puntajes

Esa medalla dorada o esos “95 puntos” en la etiqueta de un vino son más que decoración: son la firma de un sistema global que decide qué vinos triunfan y cuáles permanecen invisibles.

Publicado por Daniel López Roca
dani lopez roca
17 octubre, 2025
|
|
    

CapitularSPG Detrás de cada sello hay críticos internacionales, concursos y guías locales que moldean nuestros gustos, aunque pocos consumidores conocen su verdadero alcance. Tres nombres siguen siendo faros en este océano. El abogado Robert Parker es el catador más reconocido, cuyo sistema de 100 puntos transformó radicalmente el mercado. Su guía, actualmente administrada por Michelin, antes representada en Argentina por el español Luis Gutiérrez, ahora cuenta con el aporte de Matthew Luczy (Wine Advocate). El californiano James Suckling ocupa la segunda posición, ex editor de la revista Wine Spectator y desde 2010 se transformó en un cazador incansable de 25.000 vinos anuales, ejerciendo una influencia crucial en Estados Unidos. Y en la tercera posición se encuentra Jancis Robinson, pilar británico de precisión técnica. Las calificaciones de estos expertos pueden revalorizar una botella, pero sus miradas, independientemente de su experticia, surgen en contextos muy lejanos.

Jancis Robinson Robert Parker James Suckling

Izq, Jancis Mary Robinson, crítica inglesa de vino, Master of Wine. Periodista y editora.  Centro, Robert McDowell Parker, Jr. crítico de vino estadounidense. Es considerado uno de los críticos más influyentes del mundo. Der, James Suckling, crítico estadounidense de vinos y cigarros y ex editor senior y jefe de la oficina europea de Wine Spectator.

Aquí yace la paradoja: mientras un Malbec con medalla de Decanter viaja a 50 países, ¿puede un catador londinense descifrar lo que emociona a un bebedor cordobés?

Frente a estos gigantes, aparecen voces que interpretan nuestros terruños desde más cerca. En América Latina brilla Descorchados, la guía del crítico chileno Patricio Tapia que cata los vinos sudamericanos. En Argentina, el sommelier Fabricio Portelli publica digitalmente su Reportelli (ya en su segunda edición) con el análisis de más de 750 etiquetas.

Los concursos añaden otra capa de influencia. En el plano internacional destacan los pesos pesados, competencias veteranas como el Decanter World Wine Awards (Reino Unido, 20 años), que evalúa más de 18.000 muestras anuales y convoca a 240 jueces; el International Wine Challenge (Reino Unido, 40 años) con sus 15.000 vinos catados por 400 expertos; el Concours Mondial de Bruxelles (Bélgica, 30 años) con localización itinerante; y el alemán Mundus Vini (23 años), puente esencial hacia mercados europeos.

F Tapia Portelli

En Argentina, los certámenes escriben su propia historia. El Cata de Vinos de San Juan defiende la identidad cuyana hace más de 30 años. El Concurso Vinus, que sirve de ventana exportadora para etiquetas locales, y el reciente concurso Guarda14 que explora vinos y espirituosas con mirada diversa.

En este ecosistema de validación planetaria, emergen iniciativas que pretenden invertir los criterios desde un ángulo local. Un ejemplo icónico son los Premios Winexplorers que propusieron el comunicador Fabricio Portelli e Ignacio Gauna, considerados como una especie de “Martín Fierro del vino”.

El jurado conformado por 30 especialistas argentinos no solo premió la diversidad y la evolución de la vitivinicultura local atendiendo a 30 categorías, sino que propuso una validación propia, legítima y distante de los paladares lejanos. Su filosofía testamenta una idea fuerza: la distinción valiosa no necesariamente viene de afuera, sino que puede nacer de aquellos que mejor conocen y entienden el terruño y su cultura.

Cruzando fronteras, VinoSub30 —con 21 años de presencia en Argentina, Brasil, España y Uruguay— revoluciona el concepto: 500 muestras evaluadas por jurados menores de 30 años que entienden el lenguaje de su generación.

Concursos como VinoSub30 proponen una respuesta: “No existe ‘el mejor vino del mundo’, sino el vino preciso para cada momento y paladar”. Tras dos décadas democratizando la crítica, su filosofía resuena simple pero profunda: que la copa final la llene quien mejor conoce su sed.

Los concursos y críticos seguirán existiendo, pero su autoridad no debería ser incuestionable. El futuro del vino no está determinado por un paladar privilegiado, sino en aceptar que hay tantas formas de disfrutar un vino como bebedores.

La próxima vez que veas una medalla en una botella, preguntate: ¿cuál es la historia que realmente cuenta? La polémica sigue abierta.