La vuelta de
Catalino
En un espacio precioso de Colegiales, con ambientes amplios, patios, un jardín y mil recovecos, las hermanas Mariana y Raquel Tejerina reabrieron su restaurante. El mismo estilo, ahora en el lugar que se merece.
as hermanas Mariana y Raquel Tejerina no se rinden. Volvieron al ruedo con toda la furia, en un espacio que nunca soñaron y que consiguieron a pura insistencia. Catalino ahora es una ex casa chorizo enorme, con techo de bovedilla, vitrales, hogar a leña, bibliotecas, recovecos, escaleras, mucha magia. En una época fue el hogar del escritor Dalmiro Sáenz. El guiño literario aparece en la chimenea, donde se apilan libros de historietas, novelas, ecos de otros tiempos. Afuera hay patiecitos con palmeras, y un jardín que espera la primavera para estrenarse.
Qué comer
Las hermanas cambiaron de espacio pero no de estilo. Siguen fieles a eso que ellas llaman “cocina sincera”, y que parte de una tabla de principios donde figuran el consumo de productos orgánicos, 100% nacionales, trabajados en función de una carta simple y corta (ocho opciones, entre entradas y principales). Comida que reconforta en esta época fría y cruel.
Para arrancar, empanadas de jabalí, jugosas, masa tierna, y algo crocantita. O los buñuelos de acelga, otro punto fuerte de Mariana, fritura liviana, bien hecha. Si van este mes –septiembre– tal vez ya no haya sopa de topinambur, de sabor parecido al alcaucil, espesa, rica, ideal para contrarrestar el frío o el malhumor.
En cambio seguirá en pie la tabla Catalino, que trae chacinados, quesos y pancitos calientes. De los principales, probamos la colita de ciervo braseada que sirven con una papa rellena (años que no la comía en Buenos Aires), un clásico de Mariana que Raquel quiso reeditar en el restaurante. Tiene mucho sabor y mucha salida.

Además de restaurante, dentro de unos meses tendrá un mercadito a la calle, y es lugar perfecto para eventos, desde talleres de cocina hasta de electricidad, reparación de bicicletas o plomería.
Igual que el goulash. Los spätzle se doran un poco en manteca: “Para que encuentres algo de textura”, dice la cocinera. A la carne prefiere trocearla más grande de lo habitual. Y usa pimentón de Cachi, no Paprika, una falta que se siente en el plato.
¿Por qué no usan paprika? “Porque viene de afuera y no es orgánica.” Tal vez no convendría llamarlo goulash. Cuesta reconocer su sabor.
De los vinos se ocupa, como siempre, Raquel, y como siempre hiper activa, entusiasma su entusiasmo. Hay vinos orgánicos, como Cecchin o Hippie love, o los de Gabriel Dvoskin.
Los postres: queso de Abascay con dulce de membrillo de la casa: delicioso, no empalaga. Para los más golosos, flan con dulce de leche y nueces.
Hay calidez, música y ganas de hacértela pasar bien en Catalino. El lugar es enorme. El corazón también.
Para más datos
CATALINO
Gral. Enrique Martínez 732 – Colegiales
Jueves y viernes desde las 20.
Domingos desde las 12.30.






