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El amplio salón The Atrium, en planta baja, en lo que era el patio de carruajes de la Mansión Mihura.

Mansión Mihura

Maximiliano Matsumoto comanda la gastronomía de la mansión diseñada por Eduardo Lanús en Recoleta Grand: un hotel con un restaurante casual, cócteles de la mejor bartender del país y un fine dining a la carta o en menú de seis pasos que demuestra que la elegancia y el sabor no están peleados.

Publicado por María De Michelis
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25 julio, 2026
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CapitularSPG Cuando Maximiliano Matsumoto se mudó a Uruguay, lamenté que nos quedáramos sin un cocinero con su talento de este lado del charco. Por esa misma razón festejé cuando supe que volvía a Buenos Aires. Matsumoto es curioso y esa curiosidad lo lleva a a rastrear ingredientes, pulir técnicas, crecer. Su ADN argento-oriental le da el plus de una sazón que combina lo mejor de esos mundos, la rigurosidad nipona jugando a favor de una cocina mestiza, generosa, que ahora encontró en la Mansión Mihura un espacio donde darle aire. No lo acompaña cualquiera. Pendiente de los detalles en el salón, Federico Fialayre; y sobrevolando todo, Ernesto Lanusse, alguien con conocimiento del negocio e ideas claras.

El edificio tiene su propia biografía. A esta joyita arquitectónica conocida como Mansión Mihura la diseñó en 1922 Eduardo Lanús, el arquitecto del Palacio Errázuriz —actual Museo Nacional de Arte Decorativo— y del Palacio Bosch. Después la habitaron los Anchorena, con los años se vino a menos, y el Recoleta Grand decidió devolverle el brillo. En el primer piso se crearon ambientes que hoy son bares: Parlor bar y Serpent Club. Da gusto parar ahí antes o después de la comida, o quedarse a probar los snacks que acompañan los cócteles de Guillermina Usqueda, ganadora de la World Class Argentina, la mejor bartender del país, mientras suena la música de un DJ en vivo.

1 | La cocina de Maximiliano Matsumoto se enfoca en los ingredientes, trabajando junto a productores locales.  2 | The Parlor Bar y The Serpent Club.  3 | Los tragos de Guillermina Usqueda.  4 y 5 | La propuesta en Atrium comienza con ostras.  6 | Langostinos gratinados.  7 | Tartar y sopa de cebollas.  8 | Vieyras.  9 | Chipirones.  10 | The Atrium toma el concepto de brasserie porteña y lo reinterpreta, dando un twist contemporáneo a platos clásicos.

De esta construcción espectacular se rescató lo que se pudo: hubo que “rearmarla como un lego”. Se conservaron pisos de roble original y la boiserie de los salones. Se imitaron las rejas para sostener el espíritu original. Donde antes había un jardín interior se abre ahora un patio cubierto de ventanales altos, piso damero y mesas.

Allí funciona uno de los restaurantes, Atrium, una reinterpretación de la brasserie en la que Maximiliano armó una carta dividida en “para picar” —ostras de Pocitos con salsa picante de elaboración propia, mini empanadas fritas—; “entradas”,  clásicos revisitados como los langostinos gratinados que recuerdan a la langosta Termidor o la sopa de cebolla, esta vez con espuma de cabra y crutones. Hay ensaladas y principales —delicioso el arroz jazmín con base de ajíes tatemados, crema de langostinos, vieiras y pulpo grillado—. Otro favorito, el lomo a la pimienta con papas fritas en tres cocciones. Para compartir en grupo, la pesca entera o el chuletón de cerdo. Cada principal puede salir con acompañamientos calientes, del puré de papas al mix de hongos.

Además de buena mano, la cocina de este lugar abunda en combinaciones acertadas, puntos de cocción impecables. Matsumoto sabe.

Los vinos argentinos, de pequeñas y grandes bodegas de todas las regiones, redondean una propuesta de excelente relación calidad-precio.

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The dining room

Arriba está el flamante fine dining: un salón con una iluminación que emula una cadena de polímeros, lámparas en las mesas, una elegancia sobria en todo el ambiente. Se puede pedir a la carta o un menú de seis pasos: “no queríamos secuencias largas y pretenciosas”, dice Matsumoto.

Para arrancar, los snacks: croqueta de mandioca y jamón de pato, cubanitos de hongos y una suerte de Ferrero Rocher blanco relleno de paté. Tal vez la croqueta sola, más leve que el resto, alcanzaría para jugar mejor con el perfil del menú. De las cinco entradas probé una sopa de almejas y manzanas verdes, el marisco y la fruta crudos contra el caldo caliente, un juego de temperaturas que sostiene el plato.

La tarta de manzana de Río Negro –cocida entera– lleva masa brisé delicada, queso cheddar inglés, radicchio y shiso. Suena a bombazo, pero todo se integra en equilibrio: el cheddar fundido se derrama apenas cortás la tarta, el radicchio aporta el amargor, y la manzana, un mix de dulzura y acidez.

Cuando en la lista veo topinambur, de sabor que recuerda al alcaucil, allá voy. Así que de los principales (cinco opciones, igual que las entradas), me entregué primero al raviol de topinambur de La Plata, con espuma del mismo tubérculo, enebro y caldo de cebolla. Al dente, sabroso, invernal. Podría no tener la espuma y sería igual de rico. Incluso más, la pasta ya tiene suficiente carácter.

1 | La experiencia en The dinning Room comienza con snacks.  2 | Tarta de manzanas y cheddar.  3 | Espumante.  4 | El elegante salón.  5 | Sopa de almejas.  6 | Raviol de topinambur.  7 | Magret de pato.  8, 9 y 10 | Para el final, helado de maní y toffee de miso y el café con petit fours impecables.

Recomiendo especialmente el magret de pato pekín: la calidad de la proteína, la perfección de la demi glace especiada, el cremoso de membrillo y el kimchi de endivias que lo escoltaban y merecían un pedido aparte. Qué bueno que en nuestros restaurantes se recupere cada vez más el pato, una carne que en la ciudad había caído en el olvido.

Otro poroto que se apunta Mihura: la síntesis a la hora de describir la comida y las bebidas: no hay peor indigestión que la de un discurso en plena cena. El servicio está encontrando su afinación –acaba de arrancar– y se suma al buen ambiente, y una cocina sin firuletes, con más sabor y verdad en la olla: los detalles están, ninguno sobra.

Para más datos

MANSIÓN MIHURA
Av. Gral. Las Heras 1725, Recoleta
Junto al Hotel Recoleta Grand
The Atrium • The Dining Room
The Parlor Bar • The Serpent Club
Reservas aquí – Más info y menús aquí
Buena relación Calidad-Precio

IG: @mansionmihura