
1 | El restaurante en las colinas de Darwa, Kasauli. 2 | El chef Patreek Sadhu. 3 | Vista del Himalaya desde el restaurante. 4, 5 y 6 | Naar y el cóctel de bienvenida elaborado con ingredientes locales.
NAAR RESTAURANT
La aventura de comer en el Himalaya
Más que un restaurante, Naar es un destino en sí mismo. Así lo pensó Prateek Sadhu, chef corajudo que quiso celebrar a la montaña a través de su menú degustación. Para conocerlo hay que llegar hasta las colinas de Himachal Pradesh, a 1900 msnm. Viaje largo, vale la pena.
e pregunto a Prateek Sadhu: ¿Por qué quisiste ser cocinero? “Es que era muy malo en todo lo demás” se ríe. Estamos en Kasauli, estado de Himachal Pradesh, inmersos en la cordillera más famosa del mundo que se extiende a lo largo de 2400 kilómetros. Lejos quedaron el aeropuerto y la ciudad de Chandigarh con su caos urbano, mezcla de vacas y autos, personas y comercios, carros y alimentos, como de tráiler de Bollywood.
Llegamos trepando un camino serpenteante, no apto para cinturas sensibles, hasta alcanzar 1900 metros de altura en el Himalaya, donde las bocinas brillan por su ausencia. Justo lo que buscaba Patreek, cocinero nacido en Cachemira, que pasó por los fogones de French Laundry (California), Alinea (Chicago), Noma (Copenhagen), antes de asumir la batuta de Masque, uno de los restaurantes de alta cocina más reconocidos de Mumbai. Pero Sadhu, que antes había escapado de la violencia desatada en su lugar natal, quería también huir del desenfreno de las ciudades y sumergirse en el mood pausado de la montaña. Conocer sus productos y sus ciclos. Escucharla e interpretarla en sus platos. Y entonces, en noviembre de 2023, con Aashina Kaul, ambos con 40 años de vida –once de los cuales pasaron juntos–, decidió probar suerte en este rincón apartado del vértigo, abriendo su propio emprendimiento.
Después de haberse fogueado en Noma, Alinea y The French Laundry, estuvo al frente del restaurante Masque de Bombay durante siete años antes de abrir Naar. Hoy, la suya es una voz que amplifica el Himalaya.
1 | Bolitas de hígado de pollo. 2 | Espumante al mediodía. 3 | Tarteleta de trucha y manzana. 4 | Patreek y Aashina. 5 | Atardecer en las colinas. 6 | Vista desde el restaurante. 7 | Dirty toast de trucha.
Lejos del mundanal ruido
Naar está escondido en un bosque de pinos, rododendros, robles. Desde su salón, 16 comensales pueden ver las colinas que no parecen tener fin y también el ritmo de la cocina, tan constante como armonioso. Cuesta encontrar rastros de estrés en el equipo –incluido Kamlesh Negi, un chef con enormes conocimientos de botánica, aunque el desafío que les toca asusta: el menú se mueve al compás de la primavera, el verano, los monzones, el otoño, los principios de invierno y el invierno declarado. Seis escenas, no cuatro estaciones, porque la humedad y las lluvias complican o cambian el paisaje, y con el paisaje cambian también los productos que componen esta despensa holgada. Están las frutas de carozo, las manzanas pequeñitas y jugosas, las moras amarillas, los guisantes, las especias frescas que recogen en los alrededores, los chiles como el naga, incendiario, o los menos fogaratosos bhut jolokia y pimienta fantasma, que pican sin herir el paladar. Lo que la naturaleza da, se consume y lo que no se consume, se conserva para cuando llegue el frío invernal y el tiempo de escasez.
Sadhu cocina con brasas, fermentos, infinidad de flores, bayas, perfeccionismo, transformando los ingredientes de la zona en bocados que parten de su creatividad, pero sobre todo de su corazón.
La experiencia comienza en la terraza abalconada, con muebles de madera, música ochentosa y cócteles que combinan licores caseros con ingredientes de altura: espino amarillo, almendra, chile encurtido, lima.

Puede ser una trucha –que captura él mismo y prepara en distintas versiones: a la parrilla, en mini tostada (dirty toast); en un guiso; o combinada con melón monk fruit en jugo de grosella. Puede ser un masala de zanahorias con aderezo de comino y espuma de kadhi (yogurt). Los noodles con caldo de timru (pimienta pomelo). Pero el paso que aporta un cambio de intensidad y de intención de este fine dining se da cuando llegan a la mesa el pato en escabeche, el cordero ahumado o el cerdo, carnes estofadas que se sirven con arroz mushk budji, de granos ínfimos y mucho almidón, y hongos. Todo se ubica en el centro y se comparte en modo family style. Me gusta indagar en las técnicas que aplican las familias de la zona, las prácticas de recolección y conservación, sus costumbres y sazones. Encuentro allí mucha inspiración, dice este apasionado que forma parte de una generación de chefs dedicados a revisitar la culinaria del Himalaya desde una mirada propia.
Gracias a esa búsqueda puede jugar con contrastes y equilibrios de sabor, proponiendo una conexión con la cultura del lugar sin narrativas agobiantes ni rebusques técnicos. Un plus: en su restaurante no hay camareros que sometan al comensal a historias sin fin, los platos se cuentan solos.
1 | Patande (panqueque de maíz) y seso de cordero. 2 | Guisantes y cuello de cerdo ahumado. 3 | La brigada en acción. 4 | Noodles con caldo de timru. 5 | Pan plano con manteca cultivada y pickles de pato. 6 | Uno de los vinos de la carta. 7 | Cerdo y arroz con tomate. 8 | Naar y el culto a la hospitalidad. 9 | La horav del postre..
El postre de piña y bizcocho + helado de leche quemada cierra la comida, lo disfrutamos afuera: afuera quiere decir entorno verde, canto de pájaros y una oración de un templo cercano que trae el viento.
¿Qué significa Naar, Praatek? Naar es fuego, pero no solo el de la leña sino la llama interna que me lleva a cocinar.
Para más datos
NAAR RESTAURANT
Darwa, Kasauli, Himachal Pradesh 173206. India.
Ubicado en @theamayalife
Menú vegetariano y no vegetariano.
Maridaje con o sin alcohol.





