Al rescate de una época de luxes y placeres, El Dorado es una flamante opción en Puerto Madero que remite a los 90, cuando la consigna era meta champán, que se acaba el mundo.

Publicado por  | Mar 4, 2022 | 

omo dice el chileno Vicente Huidobro Nada vuelve, nada vuelve, todo es otra cosa… Estamos muy lejos de aquellos principios de los 90 cuando apareció de la nada un barrio junto al río marrón, con enormes torres, plagado de restaurantes caros, bares, y yachts clubs. Recuerdo el primer restaurante de este Puerto Madero que visité en 1994, luego se convertiría en  privilegiado lugar de manduques finos para empresarios y su corte de secretarias divinas: era un italiano, junto a una grúa portuaria altísima. Desaparecieron, el tano y la grúa… y se multiplicaron como conejos parrillas, italianos, dos hoteles de muchas estrellas, torres habitadas por famosos. De barrio, poco.

German Sitz, sagaz joven empresario y sabio cocinero, junto a su socio Pedro Peña, creadores    de lugares palermitanos exitosos como Niño Gordo, La Carnicería, Chori y Paquito, decidieron incursionar ahora en el pasado más cercano. El Dorado, su nuevo restaurante en Puerto Madero, remite a la gastronomía porteña para caprichos de ricos en los casi olvidados 90.

El lugar cuenta con una larga barra para acodarse y un salón donde se percibe un lujo sin estridencias, la vajilla responde a los mandatos de elegancia y calidad. En la pared  del salón brilla una escultura de una media res dorada. El mensaje es ambiguo y divertido, hoy la vaca vale oro.

El Dorado es una aventura conceptual pero más allá de los símbolos, las imágenes, las referencias históricas y el barrio, ese Madero de empresarios ricos y chicas ligeras, la cocina ofrece muy buenos platos. 

Desde el caviar con caracú, hasta la riquísima milanesa de ojo de bife, perfecta en su punto de grosor y de cocción, la cocina destaca. Los ricos arroces, los mejillones marinera, el omnipresente vitello tonato en versión diferente, el tartare siempre rico y algo ninguneado en este sur, con lomo crudo picado a cuchillo, con alcaparras y mostaza; langostinos con vinagre de sidra y mandarinas… Cuando intento recordar los productos estrella de ese tiempo pienso en la reiteración del aceto balsámico, la aparición de la rúcula –que no la conseguía ni en Paris–, el caviar, el salmón ahumado de Noruega. Ya fueron.

Hay vinos muy bien elegidos, como ese blanco vertiginoso de viñedos salteños de Pancho Tonelli, elaborado con uvas de Dávalos más arriba que Colomé, con el que gozosamente acompañé mis manduques: se llama Sierra Lima Alfa. El tinto fue un Rioja español. Nada mal.

En cuanto a los tragos, reina, como en todas partes, el Gin Tonic, pero ofrecen variedad de mezclas interesantes para probar en tiempos de malaria: Sin un mango se llama el cocktail que lleva vodka, maracuyá, mango y hesperidina. O el 1 a 1, con gin, sauco, huacatay, limón y espumante. Sugeriré mi invento; Lucha de clases: Champagne con Amargo Obrero.

Durante la semana abre solo de noche. Visitar El Dorado se convierte en un sabroso viaje que poco tiene que ver con almuerzos de negocios con secretarias lindas. Puerto Madero es otro mundo, pero tiene lo suyo. Aunque ya nadie más pida pizza con champán, como Carlitos.

El Dorado

Juana Manso 1760. Puerto Madero.
Reservas: 3221 5733
Martes a viernes de 20 a 00.
Sábado y domingo de 13 a 17 y de 20 a 00.

IG: @xeldoradox