
Tony Wu
La cantina china que necesitaba Villa Crespo
Un cruce entre tradición y cultura pop. Sabores intensos, cocina a la vista y ambientación que no pasa desapercibida. Una apertura con ritmo propio, pensada para compartir y volver.
uena a serie animada. Tony Wu. Y quizás algo de eso hay. Una criatura nacida entre dos mundos, con un pie en la tradición y otro en la cultura pop. El sobrenombre canchero “Tony”, se asocia a “Wu”, un apellido chino común, como un guiño a lo popular. Juntos, son marca registrada de esta propuesta que conjuga recetas tradicionales con buenos ingredientes y técnicas ajustadas, pero sin envaramiento. El lema es el disfrute, así lo quiere el equipo de Cang Tin –José Delgado (también artífice de Yakinilo) y Thomás Nguyen–, una dupla que entiende que la cocina asiática puede ser tan confortable como desafiante, y que la comida china merece escenarios nuevos.
Así que a fines de febrero, y sin hacer demasiado ruido, abrieron las puertas de esta “cantina china moderna” en Loyola al 800, Villa Crespo –un barrio donde últimamente se multiplican los restaurantes– y en apenas unas semanas el lugar se volvió conocido.
Para beber, vinos seleccionados por Zoe Cohen Rúa —una carta breve, bien curada—, cervezas chinas y artesanales, sake y coctelería con guiños orientales. Sin alcohol, prueben el té frío del día o la bebida de yerba mate con tónica, que limpia y refresca.
La ambientación es clave. Hay luces led que cambian de color según la hora y el humor del salón, música que suena bien (Hi-Fi, como debe ser), una gran barra con vista a la cocina y sus woks humeantes, una pecera que se roba las miradas y que, según el ángulo, se ve desde el salón y el antebaño.
Detalles que construyen un universo donde todo tiene un poco de juego y bastante de memoria. Los fuegos están encendidos a toda hora. Hay movimiento y una coreografía invisible entre cocina y salón: da gusto mirarla.
Qué comer
En la carta, la lista de comidas es extensa pero no abrumadora e incluye recetas de diferentes regiones de China, con ese equilibrio entre frescura e intensidad, y la mezcla de dulce, agrio y picante que la caracteriza. Vegetales, tofu y distintas carnes se alían con especias, hierbas y salsas caseras, y se trabajan al vapor en cestas tradicionales de bambú, en frituras, en salteados al wok y en hornos tipo barbacoa.
Hay platos taiwaneses como el mongolian beef (tiras de ternera salteada con verdeo) y preparaciones de la cocina chino-americana como un pollo a la naranja, entre muchas otras opciones. Hay pastel de nabo con salchicha china y flan de huevo salado al vapor cantonés (confieso que no lo hubiera pedido, suele ser algo soso, pero acá, gracias a los hongos y la sazón, me pareció un hallazgo).
No faltan clásicos del repertorio sichuanés como el mapo tofu –me encanta ese picor eléctrico que da la pimienta de Szechuan y que se percibe como levemente anestesiante– o el kun pao de langostinos, con maní, soja y fuego de chiles: un plato que deja huella en el paladar. Volvería a comerlo con ganas.
En breve, sumarán mesitas en la vereda y una carta acotada para tapeo callejero. También habrá take away y delivery.
La especialidad de la casa —y orgullo de la cocina— es la barbacoa típica de Hong Kong. Tres tipos de carnes marinadas que llevan días de preparación entre hervores, salazones y curados, que después se asan en hornos especiales, colgadas en pinchos. La panceta crocante y el cerdo laqueado se sirven de tres maneras: al plato, en baos con salsa Gravy’s, o con arroz y pickles. Una estrella de la casa que probé con entusiasmo: el pato rostizado. Viene con crepes caseros (su textura que podría afinarse, peca de muy gomosa), más pepino, verdeo y dos salsas: una de jengibre y otra de ciruela que redondean el plato.
Tanto en la barra, en una mesa redonda “Lazy Susan” con base giratoria (se arma banquete, se prueba un poco de todo) o en las mesitas para dos, con vajilla típica, palillos y cucharas planas la experiencia no defrauda. El servicio –atento y eficiente– tampoco.
Los postres son escasos pero oportunos. En lugar de buscar dulzores impostados, apuestan por lo fresco y lo cremoso: helado de limón con praliné de maní y ralladura de cítricos, o helado de canela con crumble y miel de flores. Final ligero para una comida estridente.
Para más datos
Tony Wu Cantina China
Loyola 851 – Villa Crespo
De lunes a jueves de 19 a 23:30;
de viernes a domingo de 12 a 16 y de 19 a 23:30.




