Valparaíso
De arriba a abajo
En Valparaíso la cocina tiene historia de puerto: chorrillanas, cazuelas, caldillo de congrio y machas a la parmesana. Abajo el bullicio del muelle, arriba los cerros —y en el medio, una escena gastronómica que va de los fondos de barrio a las propuestas más contemporáneas.
Fotos Daniel Moreno | @tecuentoelcamino.viajes
e arriba a abajo, Valparaíso es una ciudad que emociona. Hay que treparla de ida y vuelta para entenderla, para enamorarse del contraste de sus paredes multicolores y sus zonas grises, de su mar y sus cerros, de su corazón cosmopolita y su adn latinoamericano. De sus sectores fabriles y su bohemia. Del rumor de las grúas del puerto y el silencio de las escalinatas que se aferran al cerro. De día, para admirarla sin apuro, y de noche, para encandilarse con las casas que titilan cuando las laderas se visten de luz.
Es una ciudad sin maquillaje, que no disimula la pobreza ni el desgaste. Y, aun así, tiene algo —una magia— que la embellece siempre. A 120 km de Santiago y pegadita a la vibrante Viña, en Valpo, o Valpito, no hay agitación ni grandes multitudes. Tiene una cadencia propia: ese ir y venir de pasos curiosos que suben y bajan entre galerías de arte, talleres, grafitis y -omnipresente- el mar. Entre las fachadas de chapa ondulada de mansiones de influencia europea; entre ascensores históricos y laberintos. Ese ir y venir que se nota también a la hora de comer y beber: Valparaíso no solo se contempla; se saborea a través de una cocina fanáticamente portuaria, que mezcla tradiciones criollas y herencias llegadas del mundo entero.
Pero sí, como a la ciudad, a la gastronomía hay que escalarla. Aparece detrás de una escalera o de una puerta sin cartel, en el pico de un cerro sobre una terraza que mira al puerto o en un comedor mínimo donde el tiempo no pasó. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003, Valparaíso conserva una identidad mestiza que también atraviesa su mesa: chorrillanas, cazuelas, guisos y pasteles bien chilenos entreverados con acentos de más allá del mar. Machas a la parmesana que funden el Pacífico con Italia, caldillos de congrio que son un poema y una mesa que se mueve entre lo contemporáneo y lo popular. Abajo, el puerto está vivo; arriba, las vistas nunca son apenas un ingrediente más.
Terrazas sobre el puerto
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Fauna
En lo alto del Cerro Alegre, sobre el pasaje Dimalow y a metros del ascensor Reina Victoria, Fauna se convirtió hace tiempo en uno de los clásicos nocturnos de la ciudad. La terraza —amplia, ventosa y siempre animada— mira al puerto desde arriba mientras suenan bandas en vivo y circulan santiaguinos, porteños y viajeros. El pilpil de camarones llega suave y fragante; la pesca fresca y el carpaccio acompañan una carta breve pero efectiva. Los precios son elevados, sí, pero a la altura de la mejor panorámica de Valpo.
Pasaje Dimalow 166, Cerro Alegre
(56) 32 2121408
IG: @faunahotelrestaurante
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La Caperucita y el Lobo
Otra vista inolvidable se encuentra cerca del centro pero unos cuantos escalones arriba, en La Caperucita y el Lobo, en Cerro Florida.
Premiado por 50 Best Discovery y reconocido por su trabajo con productos locales, el restaurante propone una mirada contemporánea del recetario porteño: choritos al hinojo; ñoquis caseros salteados con almejas frescas; congrio confitado con vichyssoise, chochas al ajillo y ensalada de jibia fresca; y postres memorables, todo en una terraza silenciosa suspendida entre los cerros. Rendimos homenaje al mar, y buscamos platos sabrosos, frescos y sencillos, que nos recuerden a los platos de nuestras abuelas. Detrás del proyecto están Leo de la Iglesia y Carolina Gatica, su esposa pastelera.
El local donde hoy funciona el restaurante era la casa original de la abuela de ella, y esa memoria doméstica todavía atraviesa la propuesta. Hay algo de eso en la manera en que reinterpretan recetas del acervo chileno sin volverlas pretenciosas. El plato emblemático, señala Leo, sigue siendo el mismo desde hace trece años: choritos salteados con ajo, vino blanco y crema de hinojo, acompañados con focaccia para sopear hasta el final.
Ferrari 75 – Cerro Florida
(+56) 32 3172798
IG: @lacaperucitayellobo
1, 2 y 3 | La callecita en Fauna. El pil pil de langostinos y la pesca del día, fresquísima. 4 | Ñoquis con almejas La Caperucita. 5 y 6 | Plato de pulpo en Almamía.
A la gastronomía hay que escalarla, igual que a la ciudad. Aparece detrás de una escalera o de una puerta sin cartel, en el pico de un cerro sobre una terraza que mira al puerto o en un comedor mínimo donde el tiempo no pasó.
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Almamía
Más íntimo y silencioso en el Cerro Alegre, Almamía tiene espíritu de hogar y sabores intensos, de fuego lento. El «Delirio del Pacífico» —ceviche de pesca del día, pulpo, piure, luche tempura y muchos ingredientes más— es un must. El cabrito braseado con chimichurri de hierbabuena, cremoso de trigo majado y cebollas glaseadas no hay que dejar de pedirlo, al igual que el pulpo. En Almamía se jactan de que el cabrito y otros productos que llegan a la mesa son criados o cultivados por ellos mismos. Sobrio y cálido, una pequeña joya del cerro.
Almirante Montt 402
IG: @almamiavalparaiso

Vino, tapeo y nuevas escenas
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Corazón Continto
En Cerro Concepción, Corazón Continto ofrece otra escala de la experiencia porteña: vino, tapeo, conversación pausada y más vino. El espacio —acogedor, simple y elegante— gira alrededor de una cava protagonista y una propuesta de piano-bar ambientada con colección de discos de vinilo, todo pensado para picar y maridar sin apuro.
1 y 2 | Corazón Continto ofrece tapas, vinilos, tragos y vinos. 3 y 4 | La arquitectura típica de Valpo. 5 y 6 | Sandwiches calientes y buena pastelería en María María.
Hay catas, copas bien elegidas y platos pequeños con personalidad —ostras chilenas, choritos en su caldo, sopaipillas rellenas de setas, ceviches— en un ambiente de música suave y la atención impecable de sommeliers que saben de lo que hablan.
Templeman 561 – C. Concepción
IG: @corazoncontinto.cl
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María María La Fábrica
También allá arriba, en el sector de Destino Valpo, la ciudad suma otra capa a su relato patrimonial y gastronómico. Allí funcionan el Museo de los Inmigrantes y varios espacios contemporáneos que recuperan la historia portuaria y multicultural de la ciudad. Uno de ellos es María María La Fábrica, una propuesta descontracturada y creativa donde priman las preparaciones con masa madre y brillan las berlinesas rellenas de pastelera y manjar, además de una celebrada carta de brunch. Entre terrazas, talleres y antiguos edificios reciclados, el sector combina gastronomía, patrimonio y memoria inmigrante.
Concepción 499
IG: @mariamaria.lafabrica
Donde manda el mar

Chiringuitos en Caleta Diego Portales.
Cerro Barón y Caleta Diego Portales
Fuera del circuito más visitado, Cerro Barón ofrece una panorámica menos turística y más barrial. Tiene uno de los miradores más lindos de Valparaíso y queda muy cerca de Caleta Diego Portales, donde el vínculo entre mar y gastronomía aparece de forma directa. Desde temprano llegan los pescadores con las capturas del día y alrededor empiezan a encenderse hornallas donde el producto es rey: ceviches fresquísimos, pailas marinas, machas a la parmesana, chupe de jaiba y caldillos de congrio servidos sin vueltas en bodegones con ambiente playero que miran cara a cara al Pacífico. Creada en 1931 y declarada Zona Típica en 2012, la caleta es uno de los pilares de la pesca artesanal en la ciudad. Lindo plan ir a almorzar y quedarse con los pies en la arena a tomar un pisco y ver el sol hundiéndose en el mar.
El Valpo popular
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Cocinería Nacional
En pleno centro porteño, Cocinería Nacional encarna desde 2016 el espíritu de los viejos mercados chilenos y lo lleva a un comedor contemporáneo sin perder autenticidad. El proyecto nació inspirado en su primer local, allí donde funcionan las «cocinerías» del segundo piso del Mercado Cardonal: esos espacios populares donde todavía sobreviven recetas simples, precisas y genuinamente marineras.
Es una cocina de casa, muy cuidada y con mucha historia, precisa Pedro Miranda. La carta recorre clásicos costeros —reineta, albacora, machas, jaiva, centolla y ostiones— con una relación precio-calidad que explica por qué suele haber fila en la puerta. El pastel de centolla, el atún sellado con sésamo y las empanadas de mariscos justifican la espera.
Molina 308, esquina Brasil
IG: @cocinerianacional.v

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Mercado El Cardonal
Y si hay un lugar donde el Valparaíso cotidiano sigue latiendo con fuerza, es el Mercado El Cardonal. Entre puestos de frutas, pescaderías y vendedores históricos sobreviven escenas que parecen impermeables al paso del tiempo. Ahí se abastecen muchos de los restaurantes de la ciudad y ahí también empieza buena parte del recetario porteño. Se recomiendan todos los puestos, aunque El Rincón de Pancho sobresale entre los favoritos locales con su comida costera: locos mayo, chupe de locos con camarones, mariscal frío, pailas.
Calle Uruguay 125
IG: @mercadoelcardonal
1, 2, 3 y 4 | El comedor popular de Cocineria Nacional. Machas a la parmesana. Pastel de centolla. Las paredes prometen Congrio a lo pobre. 5, 6 y 7 | Ceviche y cazuela de carne en La Conquistada.
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La Conquistada
Ligada al Mercado Cardonal hay una historia familiar hoy trasladada al Cerro Concepción: este restaurante mantiene una mesa chilena cotidiana y franca —pastel de choclo, cazuelas, ceviches, sopaipillas con pebre y helados de mote con huesillo. Mi abuelo tenía un local en el Mercado donde vendían el mote con huesillo que fabricaban en su casa, cuenta Eva Jiménez, su dueña. Esa tradición sigue viva en recetas heredadas de la abuela y en el abastecimiento diario de verduras, pescados y mariscos que llegan desde el mercado y la Caleta Portales.
El nombre del restaurante nació inspirado en La Conquistada, el tema de Los Jaivas que es un canto a la puesta del sol. Y quizás esa letra también diga algo sobre Valparaíso: una ciudad donde la épica, la melancolía y el atardecer siempre se mezclan un poco. Esta nota no pretende explicarla toda. Es, apenas, una excusa para ir.
Almirante Montt 382
IG: @laconquistada_valparaiso
También en Valparaíso
- La Sebastiana
Visitar la casa de Pablo Neruda en el Cerro Florida es una obligación. Llena de objetos traídos de todo el mundo, mira al Pacífico desde lo alto como quería el poeta. Uno de los mejores balcones de Valpo. - Mirador del Cerro Artillería
Es quizá el punto de vista más amplio sobre la bahía. Vale la pena subir para entender la escala del puerto, la coreografía de las grúas y el cambio de la luz sobre el agua a medida que avanza la tarde. - Lofts del puerto
En los viejos sectores portuarios sobreviven edificios reciclados en espacios de diseño, galerías y estudios de artistas. Una forma de visualizar algo de la evolución histórica de la ciudad. - Playa Ancha
El barrio más alejado del circuito turístico y, por eso, uno de los más auténticos. Sus calles en pendiente, su feria, sus mansiones señoriales y su costanera muestran el Valparaíso cotidiano que no siempre figura en la postal. La cafetería Waddington, con su rica pastelería, su calidez y sus vistas, es un punto ineludible.






